La mosca de la fruta puede ayudar al tratamiento de los enfermos de Parkinson

WASHINGTON, 25 (OTR/PRESS)

Un investigador de la Universidad de Missouri (Estados Unidos) ha descubierto, mediante el estudio de la drosófila –una variedad de mosca de la fruta–, que genes clave para la memoria pueden ser aislados y sometidos a prueba mediante la manipulación de los niveles de ciertos compuestos asociados con la “circuitería” del cerebro. Los resultados del estudio pueden resultar beneficiosos para los pacientes que padecen el mal de Parkinson y podrían eventualmente reconducir las investigaciones en el tratamiento de la depresión.

“La implicación del estudio para la salud humana es que podría influir en nuestra comprensión del declive cognitivo asociado a la enfermedad de Parkinson y la depresión”, declaró Try Zars, profesor de biología en esta universidad estadounidense en un artículo recogido por otr/press publicado en Proceedings.

La idea de que los animales tienen un sistema que puede armonizar la calidad de un recuerdo en el conjunto de su memoria está asentada en la comunidad científica. Si el evento es significativo, el recuerdo y el detalle alrededor del mismo es mucho más fuerte, perdura y es más fácilmente recordable en comparación con hechos de menor significación. La cuestión a estudiar es comprender el mecanismo que hace que esto ocurra.

“Hemos desarrollado una estrategia para describir cómo ocurre este proceso, de forma que podemos darle a la manivela y repetirlo cuantas veces sea necesario. Asi podemos dar respuesta a las preguntas “qué gen interviene”, “cómo cumple su función” o “cómo interactúa con otras proteinas”. Podemos encontrar hallazgos completamente nuevos e inesperados.

MOSCAS CON RECUERDOS

Un logro importante para la neurociencia es el descubrimiento y estudio de las estructuras de formación de la memoria en el cerebro. Zars explica que trabaja con la drosophila porque tiene un modelo genético bien determinado, su cerebro es relativamente menos complejo que el de un ratón o el de un humano (250.000 neuronas frente a 100.000 millones) y muestra un amplio repertorio de reacciones.

La memoria en las moscas fue probada utilizando una cámara especial en el que ejemplares en solitario volaban libremente. La cámara fue equipada con elementos de calefacción. Cuando la mosca se movía a un lugar en particular, la cámara era rápidamente calentada hasta alcanzar una temperatura molesta para el insecto. De esa forma las moscas aprendían, o recrodaban, a evitar ese lugar de la cámara si la “circuitería” de su cerebro funcionaba apropiadamente. Una mutación en algunas moscas, basada en la alteración de los niveles de dopamina y serotonina, permitió comprobar que los niveles de reacción a ese estímulo eran menores.

“Esto es importante porque mediante el estudio de un cerebro simple podemos comprender mejor complejos sistemas neuronales”, concluyó el autor del estudio.

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