El Ministerio de Cultura anima a las editoriales universitarias a traducir el pensamiento científico español

BARCELONA, 21 (EUROPA PRESS)

El director general del Libro, Archivos y Bibliotecas del Ministerio de Cultura, Rogelio Blanco, animó hoy a las editoriales universitarias españolas a traducir el pensamiento científico español y no sólo el Siglo de Oro, Pérez Galdós y las Generaciones del 98 y 27.

Blanco afirmó que en los últimos años se ha observado que se están produciendo traducciones de los libros científicos y ensayísticos, por lo que anunció la creación del programa “Piensa en español” que promoverá este desarrollo, según comunicó durante el primer Congreso Internacional de Edición Universitaria que se está celebrando en Barcelona entre hoy y mañana.

“El conocimiento está ahí pero puede ser inerte. Somos hasta indigestos produciendo libros pero somos indigentes en su lectura y adquisición”, señaló el director general respecto a lo que se publica en la universidad.

Asimismo, se preguntó que “si el comercio interior y exterior del libro en España factura 5.000 millones de euros al año y proporciona 100.000 empleos, ¿por qué las universidades no dan formación a libreros, editores y archiveros?”.

Por otro lado, el historiador francés Roger Chartier hizo un recorrido por la relación entre la imprenta y la Universidad a lo largo de los siglos y ha definido los tres desafíos que, a su juicio, tienen planteadas las universidades y las editoriales universitarias.

En concreto estos desafíos son la transformación de las prácticas de lectura, las políticas de adquisición de las bibliotecas y la publicación electrónica de los libros y revistas científicas universitarias.

Respecto a la primera dijo que “se compran menos libros hay otras formas de acceso a los textos, no se configuran bibliotecas personales, se multiplican las consultas en red y se reducen las compras”.

Chartier criticó que las suscripciones en las bibliotecas universitarias pueden llegar a costar entre 10.000 y 15.000 dólares lo que provoca “la reducción de compras más eruditas y la reticencia de los editores a publicar estos libros que después se venden”.

El tercer desafío es al mismo tiempo un reto y una ayuda para Chartier. “Ayuda porque añade otra forma de difusión y tiene sus propias posibilidades a través de la hipertextualidad. El lector va a disponer de herramientas críticas en el mismo proceso de su lectura, puede leer lo mismo que el científico ha leído”.

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