El Vaticano explica hoy científicamente el descubrimiento arqueológico del sarcófago de San Pablo

ROMA, 11 (EUROPA PRESS)

El Vaticano explica hoy los trabajos realizados para la extracción del sarcófago del apóstol San Pablo llevados a cabo en la Basílica romana de San Pablo Extramuros en mayo de 2003. La rueda de prensa, que se celebrará en la Sala Stampa, estará a cargo del arqueólogo de los Museos Vaticanos, el italiano Giorgio Filippi, responsable de este hallazgo, que se encontraba a la espera de una publicación oficial.

El sarcófago, como afirmaba la tradición cristiana, se encontró bajo el altar mayor de la Basílica justo bajo la inscripción incompleta “Paulo apostolo mart” (Pablo apóstol mártir), visible desde la base del altar. El sarcófago romano se encontró al nivel de la antigua basílica construida en el siglo IV.

Este descubrimiento abre nuevos itinerarios de investigación, ya que el sarcófago tiene un agujero en la tapa de unos diez centímetros tapado en el fondo con un poco de argamasa. Dicha abertura era una forma usual en aquella época para establecer una comunicación entre las reliquias y el altar.

El apóstol Pablo fue martirizado y le cortaron la cabeza a las afueras de la ciudad de Roma y fue enterrado en la via Hóstiense, según la tradición, en la tumba de la Matrona Lucilla. El emperador Constantino, a principios del siglo IV edificó la primera Basílica en torno a la tumba y en el 390 los tres emperadores posteriores se dedicaron a la ampliación de la misma.

Las excavaciones permitieron la datación del sepulcro a finales del siglo IV. Después de la reconstrucción de la nave central de la iglesia por el Papa León Magno, al haber sufrido deterioros después de un terremoto del 433, el sepulcro quedó sepultado.

En 1823, la Basílica sufrió a raíz de un incendio su casi total destrucción, y tuvo que ser nuevamente reconstruida en 1854, sepultando definitivamente la tumba. En las excavaciones se han descubierto objetos del siglo XIX, anteriores a la reconstrucción, unas monedas y parte del marco de una ventana, seguramente perteneciente al convento de entonces. Los restos del apóstol quedaron envueltos en el misterio.

Durante el jubileo de 2000, el obispo Marcello Costalunga, entonces administrador pontificio de la basílica, por la insistente petición de los peregrinos que querían venerar las reliquias del apóstol, pidió el permiso de investigación. En 2002 comenzaron la búsqueda arqueológica mediante túneles para no dañar el altar mayor.

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