Una deficiencia en un factor de crecimiento es causa de sordera, según un estudio del CSIC

MADRID, 20 (EUROPA PRESS)

Las deficiencias en el factor de crecimiento IGF-I, una molécula de la familia de la insulina clave durante el desarrollo intrauterino y postnatal del individuo, causan sordera neurosensorial, según los resultados de un trabajo realizado por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), que ha sido publicado en la revista científica “European Journal of Neuroscience”.

El estudio, dirigido por Isabel Varela, del Instituto de Investigaciones Biomédicas Alberto Sols (centro mixto del CSIC y la Universidad Autónoma de Madrid), ha sido realizado en ratones aunque, según sus autores, los datos son extrapolables a los seres humanos, ya que éstos presentan los mismos defectos de audición cuando existe déficit del factor IGF-I.

Los investigadores del CSIC han comparado mediante técnicas no invasivas la capacidad auditiva de ratones modelo con la de ratones mutados sin el factor IGF-I. Así, descubrieron en los ratones mutados un umbral de audición elevado, es decir, que necesitaban sonidos de mayor intensidad para que se produjera una respuesta, y una respuesta al estímulo auditivo más lenta.

La doctora Varela aseguró que los resultados son extrapolables a la sordera humana asociada con disminución de IGF-I, y precisó que el ratón deficiente en el factor IGF-I es un modelo de neurodegeneración auditiva que presenta un gran paralelismo con los casos descritos de sordera neurosensorial en humanos afectados de déficit de IGF-I.

Debido a su gran importancia para el crecimiento normal del individuo, las deficiencias en el factor IGF-I generan multitud de síndromes y problemas de crecimiento, además de retraso mental o microcefalia, casi siempre unidos a la sordera neurosensorial.

POTENCIAL TERAPÉUTICO.

El equipo de Varela, pionero en este campo en España, confirma con este estudio el importante papel que desempeña el factor de crecimiento IGF-I en la diferenciación y supervivencia de células en cultivo del oído interno.

Esa característica hace que el IGF-I tenga un gran potencial terapéutico, tanto en los casos de sordera de origen genético (más del 50% de los casos) como ambiental. Aunque el factor IGF-I es un fármaco aprobado y efectivo, está recomendado para un número tan limitado de casos que no es rentable su comercialización.

En este sentido, la doctora Varela explicó que el IGF-I es un factor protector para el oído interno fundamental para su correcto desarrollo y para el mantenimiento de su función. En la actualidad, su equipo investiga diferentes modelos de experimentación de sordera (inducida por ruido, fármacos, envejecimiento, genética) y las consecuencias del tratamiento con IGF-I, que consideran uno de los factores neurotróficos con mayor potencial para el tratamiento de la neurodegeneración auditiva que acompaña al envejecimiento y a la cirugía del implante coclear.

Los trabajos necesarios para desarrollar este estudio en los dos últimos años han permitido crear en el Instituto un Servicio de Evaluación Neurosensorial Auditiva, así como desarrollar en este servicio un equipo de Evaluación Neurofuncional No Invasiva que los investigadores del CSIC ponen a disposición de todos los centros de investigación que lo precisen.

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