Las tenerías judías de Avila, de finales del siglo XIV, las “más relevantes” de España, según la directora de excavación

La Junta estudia convertir dicho espacio en una zona visitable e incorporarlo a la oferta turística del arrabal de San Segundo

AVILA, 2 (EUROPA PRESS)

Las excavaciones realizadas en las tenerías judías de Avila sacan a la luz uno de los complejos industriales dedicados a este proceso artesanal “más relevantes de España”, puesto que hasta la fecha “no han aparecido tenerías de esta extensión, ni tan primitivas, ni tan bien conservadas”, según explicó hoy la directora de la excavación Ascensión Salazar.

Esta construcción arquitectónica judía, sacada a la luz tras cuatro fases (una preliminar y tres de excavación desde el año 2001), es de origen medieval y data de finales del siglo XIV, aunque estuvo en funcionamiento tras la expulsión de los judíos hasta el siglo XVII, fecha en la que la crisis económica provocó su cierre.

La documentación medieval existente sobre la ciudad de Avila revelaba que en los Arrabales de San Segundo, a orillas del río Adaja, había existido una zona industrial para curtidores de pieles que se ubicó en este espacio para evitar los malos olores en la ciudad y para facilitar los vertidos derivados del proceso de tratamiento de las pieles.

Tras una primera fase preliminar sin mucho éxito en lo que iba a ser el huerto del Centro de Interpretación de la Naturaleza de San Segundo, se encontraron los primeros indicios de la existencia de las tenerías, que abarcan una superficie aproximada de 500 metros cuadrados, en la que se incluye una zona reservada para futuras excavaciones arqueológicas. En estas cuatro fases han trabajado cerca de una veintena de personas.

En este espacio desenterrado puede observarse cómo este colectivo de curtidores empleaba tinajas de cerámica y de madera–muchas de ellas halladas en perfecto estado de conservación–pozos y piletas para el cuidado y tratamiento de los curtidos, que requería de un proceso muy elaborado que duraba entre 9 y 15 meses, frente a la semana de duración actual.

Según explicó la arqueóloga, las pieles se ablandaban en piletas y para separarlas de los pelos se introducían en pozos con soluciones de agua y cal. Después se secaban, se raspaban y se eliminaban los restos de cal en otros contenedores de agua.

Los excrementos de animales machacados, que “daban muy mal olor y mala imagen social”, se introducían en otro recipiente para el curtido de las pieles, a las que abrían los poros cubriéndolas con salvado de trigo o de cualquier otro cereal. El proceso culminaba introduciéndolas en agua y cortezas de árboles machacadas para la transformación de la piel.

Todo esto se realizaba en un espacio que contaba con ocho estancias, que se pueden contemplar perfectamente tras las excavaciones, divididas en una primera parte donde se situaban las tinajas y en otra parte consistente en un pasillo donde trabajaban los curtidores.

ANALISIS QUIMICO DE SEDIMENTOS

El análisis químico de los sedimentos encontrados en el yacimiento arqueológico ofrecerá más datos acerca de la producción que tenía lugar en esta industria, que, a su vez, permitirá saber “si se trata de un único complejo -muy amplio- o si eran varias tenerías”.

Los hallazgos han sacado a la luz, además de las ocho estancias, una canaleta de ladrillo por la que se conducía el agua a los pozos y tinajas, así como un espacio divisorio, que podría ser el acceso a una única tenería o la separación entre varias, ya que se piensa que el muro levantado en la zona hacia el año 1.800 destruyó buena parte de la estructura arquitectónica.

Dado que “el estado de conservación de las tenerías es magnífico”, según Salazar, la Consejería de Cultura de la Junta de Castilla y León elaborará “inmediatamente” un estudio que permita recabar información suficiente para su puesta en valor convirtiendo este espacio en una “zona visitable” que pueda ser incorporada a la oferta turística y medioambiental del arrabal de San Segundo, según anunció hoy el delegado territorial de la Junta, Francisco José Sánchez.

En este sentido, el responsable de la Administración regional resaltó que el proceso de excavaciones ha sido posible gracias al “apoyo financiero de la Junta para la recuperación de todo tipo de bienes culturales” y “al nivel de protección legal que les otorga, así como la eficacia de los mecanismos de vigilancia que conlleva un seguimiento arqueológico”.

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