El Congreso de Filosofía de la Ciencia debate la relación entre innovación y desarrollo social

Santa Cruz de Tenerife, 30 (EP/IP)

El II Congreso Iberoamericano de Filosofía de la Ciencia y la Tecnología, que se celebra en la Universidad de La Laguna hasta este viernes, acogió una mesa redonda en la que se abordó el papel que la innovación tiene en la actividad científica, y su influencia en el desarrollo económico y social, en especial de los países menos favorecidos económicamente.

Como ponentes participaron Judith Sutz, de la Universidad de la República de Uruguay; Renato Danigno, de la Universidea de Estadual de Campinas (Brasil) y Julio Brito, director de la Oficina de Ciencia, Tecnología e Innovación del Gobierno de Canarias, moderados por Emilio Muñoz, del Consejo Superior de Investigaciones Científicas.

Sutz abogó en su ponencia por una ciencia capaz de afrontar los problemas del tercer mundo: desde los países ricos se habilitan soluciones que por su alto coste son muchas veces imposibles de aplicar en áreas más deprimidas. En cambio, hay numerosos ejemplos de soluciones científicas elaboradas por los propios países del tercer mundo que sí pueden favorecer sus necesidades.

La ponente reclamó las “universidades para el desarrollo”, no comprometidas solamente con el desarrollo económico, sino con la superación del subdesarrollo. Para ello es necesario que haya más investigadores y que éstos se centren en los problemas específicos de sus países: según Sutz, hay un círculo vicioso según el cual los investigadores iberoamericanos tienen que publicar en revistas internacionales para no perder su empleo, y para que les acepten los trabajos deben adaptarse a la agenda de temas “que dicta el norte”. Es decir, se ven obligados a solucionar problemas ajenos a su entorno inmediato.

Danigno propuso varios modelos que relacionan la ciencia y la innovación. El más extendido es el de tipo lineal, según el cual la ciencia lleva directamente al desarrollo ecosocial. Sin embargo, esa relación no se da siempre, por lo que conviene analizar qué impide que el progreso técnico se convierta en progreso social.

Una de las claves es el poco interés que desde el empresariado hay en crear ciencia. El profesor brasileño ironizó sobre lo poco rentable que resulta innovar: “lo barato es robar tecnología; si no se puede, copiarla; y si tampoco es posible; comprarla. Pero innovar no es ni siquiera un negocio”.

Julio Brito ofreció la cara más optimista de las políticas desarrollistas de los tecnólogos, desde su perspectiva de gestor gubernamental. Enumeró varias ideas que a su juicio ayudarían a convertir en Canarias en una “región inteligente”: la inversión en capital humano; el conocimiento del entorno para poder producir ciencia adaptada a él; fomentar la colaboración entre instituciones públicas y privadas, y fomentar el “emprendizaje”, fusión de emprendeduría y aprendizaje. Aún así, reconoció las carencias existentes en la información que hay sobre el estado de la investigación en las islas.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *