La Rioja lidera un proyecto sobre el abono nitrogenado que implicará a 30 investigadores de 6 comunidades

Se prolongará 3 años, con 1,5 millones de inversión, y pretende lograr una herramienta útil para el agricultor

LOGROÑO, 09 (EUROPA PRESS)

La Comunidad Autónoma de La Rioja, a través del centro de investigación agraria dependiente de la Consejería de Agricultura (CIDA), liderará un proyecto que implicará durante tres años a 30 investigadores de seis Comunidades Autónomas y que se centrará en el estudio del abono nitrogenado y el agua. Buscará un sistema de recomendación de riego para reducir el impacto ambiental en el sector hortícola, es decir, unas variables que puedan servir de guía al agricultor, que pueda consultar a la hora de llevar su explotación.

Se trata de encontrar un sistema de manejo del agua y del nitrógeno en plantaciones hortícolas que, sin reducir la producción, consiga disminuir la contaminación por nitrato del agua. Se estudiará cómo afecta el nitrógeno mineral del suelo a la producción, a la calidad de la cosecha, y también la lixiviación del nitrato. A la vez, la investigación arrojará luz sobre las zonas que la Unión Europea ha declarado como “vulnerables”, las que están contaminadas con nitratos (en La Rioja hay dos, declaradas en 2002).

El director general del Instituto de Calidad de La Rioja, Pedro Sáez Rojo, y el jefe de sección de Recursos Naturales de este departamento, Alfonso Pardo, presentaron hoy el proyecto, que supondrá una inversión de 1,5 millones de euros, parte de la cual -821.557,9 euros- llegará de las arcas del Gobierno central, un extremo que se confirmó la semana pasada en la Comisión Nacional de Investigación Agraria. El resto lo aportarán los socios colaboradores, ocho centros de investigación de seis comunidades.

Son el CIDA de La Rioja -que aporta 5 personas-; la Escuela Superior de Ingenieros Agrónomos de Madrid (con un investigador); el Instituto Técnico y de Gestión Agrícola de Navarra, con 5 personas; el servicio de Investigación y Desarrollo Tecnológico de Extremadura (con 6 investigadores); el centro de Investigación y Formación Agraria de Granada (5 personas); la Escuela Superior de Ingenieros Agrónomos de Córdoba, que aporta un investigador; el centro de Investigación y Formación Agraria de Córdoba, con 3 personas; y el Instituto Valenciano de Investigaciones Agrarias, con 4 investigadores.

El buscar investigadores de diferentes puntos de España responde al objetivo de lograr especialistas y expertos en los más diversos aspectos y también de contar con suelos con características diferentes y en ocasiones contrapuestas, desde el más ácido de Extremadura o el más alcalino de la Rioja, así como estudiar zonas más o menos castigadas por el uso y la contaminación por nitratos.

El proyecto lleva por título “Desarrollo de un sistema de recomendación de riego y abonado nitrogenado para la reducción del impacto ambiental de las rotaciones hortícolas”. Lo que busca es encontrar, al término de los tres años, una herramienta que al agricultor le permita introducir variables y encontrar respuestas. Para conseguirlo, en el camino habrá que hacer muchas pruebas, ensayos y preguntas, según explicó el jefe de sección de Recursos Naturales.

Habrá que “simular situaciones, preguntarse qué ocurre si…”, conseguir los datos suficientes para adelantarse a todas las situaciones, siempre evitando una reducción de la productividad. Los responsables del proyecto -que comenzará en enero de 2005- destacaron que la colaboración de 30 investigadores es muy importante en un problema, el de la contaminación por nitratos, que ha pasado de ser técnico a ser medioambiental.

Se dispone ya de muchos datos. “Sabemos bien lo que pasa en un suelo saturado de nitrógeno”, señaló Pardo, pero hay que “redondear, completar” esos datos para dar una herramienta útil al agricultor, un sistema informático al que puedan hacer preguntas. Preguntado por la importancia del problema de la contaminación por nitratos en La Rioja, el experto en recursos naturales indicó que “no es tan grave” porque en España no se la capa freática no está a escasa profundidad, como ocurre en otros países, como Holanda, aunque la UE no tiene en cuenta esas particularidades.

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