Crónica Nobel.- El Nobel de Medicina 2004 premia los descubrimientos sobre el sistema del olfato

Los estadounidenses Richard Axel y Linda B. Buck describieron los genes que están en el origen de los receptores olfativos

ESTOCOLMO, 4 (EUROPA PRESS)

La Academia Sueca decidió hoy conceder a los estadounidenses Richard Axel y Linda B. Buck el premio Nobel de Medicina 2004, por sus descubrimientos sobre “receptores del olfato y organización del sistema olfativo”.

Axel, nacido en Nueva York en 1946, es investigador en el Instituto Médico Howard Hughes de la Universidad de Columbia (Nueva York) y Buck, nacida en 1947 en Seattle, trabaja en la División de Ciencia Básica del Centro Fred Hutchinson para la Investigación del Cáncer de esta ciudad.

El premio reconoce los trabajos de ambos para esclarecer el funcionamiento del sistema olfativo y los principios básicos que rigen el reconocimiento y la memoria olfativa de alrededor de 10.000 olores diferentes.

Axel y Buck publicaron en 1991 un trabajo conjunto en el que describen una gran familia de alrededor de un millar de genes (un tres por ciento de los genes humanos) que dan lugar al desarrollo de un número equivalente de receptores olfativos, situados en las células receptoras olfativas, que ocupan una pequeña zona de la parte superior del epitelio nasal. Su trabajo se basó en ratones, que tienen un número de genes determinantes de receptores olfativos ligeramente superior al de los humanos.

Posteriormente, los dos investigadores han seguido caminos separados y han realizado varios estudios, a veces paralelos, acerca del sistema olfativo, desde el nivel molecular a la organización celular. Axel y Buck se repartirán al 50 por ciento el premio, dotado con 10 millones de coronas suecas (1,1 millones de euros).

Tras conocer la noticia, Axel se declaró sorprendido por la decisión del comité. “Pues bien, estoy particularmente feliz y sorprendido, es verdaderamente un honor”, declaró por teléfono a Radio Suecia. El comité Nobel acostumbra a llamar a los laureados para anunciarles la buena nueva, pero el profesor Axel se enteró de la noticia por los medios de comunicación, según AFP.

“Estoy muy sorprendido y honrado de este profundo reconocimiento. ¿Con quién dice usted que gané?”, preguntó al reportero. Interrogado acerca de sus futuros planes, el profesor Axel respondió simplemente: “me voy a hacer un café”.

INSTINTO DE SUPERVIVENCIA

El sentido del olfato es de importancia capital para la supervivencia de muchas especies. Ayuda a distinguir un alimento sano de uno que no lo está y es imprescindible para los mamíferos recién nacidos para encontrar las mamas de su madre. Muchos animales se valen del olfato para interpretar su entorno.

En los humanos, la memoria olfativa hace incluso revivir momentos memorables o desagradables de la vida, y es también cuestión de supervivencia, por ejemplo en caso del olor a humo que avisa de un fuego.

MEMORIZAR 10.000 OLORES

Según descubrieron Axel y Buck, la mayoría de los olores están compuestos por múltiples moléculas de olor y cada una de ellas activa varios receptores olfativos. Es entonces una cascada de reacciones lo que nos permite reconocer y memorizar cerca de 10.000 olores.

Los investigadores descubrieron que un tres por ciento de los genes humanos sirven para codificar receptores olfativos que se encuentran en la membrana de las células receptoras. Cada célula especializada en la detección de olores sólo posee un tipo de receptor olfativo y éste sólo puede detectar un número limitado de sustancias olorosas, de modo que nuestras células olfativas están muy especializadas en algunos olores.

Los receptores reaccionan a los estímulos y envían una señal eléctrica al cerebro. Las células receptoras que tienen el mismo tipo de receptor envían sus señales al mismo microespacio o “glomerulus” del cerebro, desde donde la información se transmite a otras partes del cerebro, y se combina con otras sensaciones olfativas formando un patrón. El mecanismo permite también que se recuerde la sensación olfativa en el futuro.

El año pasado el premio Nobel de medicina fue atribuido también a dos investigadores, el estadounidense Paul Lauterbur y el británico Peter Mansfiel, por sus descubrimientos en el campo de las imágenes por resonancia magnética (IRM).

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