Crónica FAO.- La FAO advierte de que los residuos de plaguicidas son “una bomba de relojería” para los países pobres

El organismo está agotando los fondos para la eliminación de plaguicidas y lanza un llamamiento a los países donantes

MADRID, 9 (EUROPA PRESS)

La Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) ha advertido recientemente de que las grandes cantidades de residuos químicos tóxicos procedentes de plaguicidas no utilizados o caducados representan “una amenaza continua y cada vez más grave” para las personas y el Medio Ambiente en Europa del Este, Asia, Oriente Medio y América Latina, y se ha convertido en una “bomba de relojería” para los países pobres.

Según un comunicado de la organización, se estima que en Ucrania hay alrededor de 19.500 toneladas de substancias químicas envejecidas, en Macedonia 10.000 toneladas, en Polonia 15.000 toneladas y en Moldavia 6.600. Actualmente en Asia las existencias alcanzan las 6.000 toneladas, sin incluir a China, donde parece ser que el problema de los residuos de plaguicidas está muy difundido. En Oriente Medio y América Latina el volumen llega a 10.000 toneladas.

Así las cosas, los países afectados “piden cada vez con más frecuencia y mayor urgencia la ayuda de la FAO para eliminar sus existencias de plaguicidas caducados e impedir la acumulación posterior de residuos químicos tóxicos”, según ha señalado el jefe del programa de la FAO sobre Prevención y Eliminación de Plaguicidas Caducados, Mark Davis, durante una reunión de expertos celebrada en Roma esta semana.

“Desgraciadamente, sin fondos adicionales de los países donantes, la FAO no será capaz de responder a sus naciones miembros que necesitan asistencia porque los recursos destinados al programa de prevención y eliminación de plaguicidas caducados se acabarán a fines de año”, puntualiza Davis.

RESIDUOS PELIGROSOS

Los plaguicidas caducados son los restos que han quedado de las campañas de control de plagas que se han acumulado o porque una serie de productos prohibidos por razones sanitarias o ambientales nunca fueron retirados o eliminados. Los plaguicidas permanecen así en el lugar donde están almacenados y a menudo se deterioran contaminando el ambiente y poniendo en peligro la salud de las personas. Frecuentemente las más afectadas son las comunidades rurales pobres que pueden no darse cuenta de la naturaleza tóxica de las substancias químicas a las que diariamente están expuestos.

En los lugares donde son almacenadas estas existencias se encuentran algunos de los plaguicidas más peligrosos como los Contaminantes Orgánicos Persistentes, el aldrín, el clordano, el DDT, el dieldrin, el endrin, el heptacloro o los fosfatos orgánicos.

La condición en la que se encuentran estos plaguicidas caducados va desde la de los productos bien conservados que todavía pueden utilizarse en el campo hasta la de los que se han derramado de los bidones metálicos corroídos y de otros tipos de recipientes, infiltrándose en el suelo. El envenenamiento de plaguicidas es muy común en las zonas cercanas a los lugares donde están almacenados sin control.

50.000 TONELADAS EN AFRICA

La cifra de plaguicidas caducados en 53 países africanos se calcula en unas 50.000 toneladas, según la FAO. Este organismo participa en el Programa de Reservas de Africa (ASP), una iniciativa que se propone eliminar todos los residuos de plaguicidas caducados de los países africanos e implantar medidas para impedir que se repitan situaciones parecidas a la actual.

Sin embargo, varios países africanos que no han podido beneficiarse de la primera fase de actividades de este programa han pedido ya de forma urgente la ayuda inmediata de la FAO. “Países como Argelia, Camerún, Somalia, Eritrea y Senegal están enormemente preocupados por los efectos graves y continuos de sus reservas de plaguicidas caducados en el Medio Ambiente y en la salud de las personas”, según señala Davis.

Con la ayuda financiera de Japón, la FAO ha identificado recientemente alrededor de 600 toneladas de plaguicidas caducados en Mozambique, a pesar de haberse realizado una operación de limpieza previa. Japón ha entregado 850.000 dólares (cerca de 700.000 euros) para este proyecto y ha prometido un millón de dólares más para limpieza y prevención.

Los Países Bajos han contribuido con unos 8,9 millones de dólares (algo más de 7 millones de euros) al programa de prevención y eliminación de plaguicidas caducados y han prometido dos millones de dólares más (1,6 millones de euros) para subvencionar el Programa de Reservas de Africa.

“Esto demuestra que es urgente combinar las medidas de limpieza con las de prevención”, asegura Davis. “Hay que sensibilizar con urgencia a muchos países en el sentido de que el uso de plaguicidas debe ser controlado y limitado y que hay que emplearlos respetando la salud de las personas y el Medio Ambiente”, añade. Según dijo, cada vez más naciones muestran el deseo de hacer frente al problema de la gestión y el uso de estas sustancias.

Según recuerda la FAO, la limpieza de una tonelada de residuos de plaguicida caducado cuesta alrededor de 3.500 dólares (2.800 euros) y la mayor parte de los países en desarrollo “no cuenta con estructuras para la eliminación segura de los residuos peligrosos”.

La actual proliferación de la plaga de langostas del desierto en Africa, por ejemplo, requiere de fuertes medidas de control. Los países afectados y la FAO están haciendo “todos los esfuerzos posibles” para asegurar que esta campaña no de como resultado la acumulación de mayores cantidades de pesticidas caducados y se reduzcan los efectos sobre el Medio Ambiente.

Desde 1994, la FAO es el principal organismo de gestión de plaguicidas caducados para los países en desarrollo. Sus actividades comprenden la puesta en marcha y coordinación de inventarios nacionales, la coordinación y supervisión de proyectos de eliminación, la publicación de normas sobre prevención y gestión, y la sensibilización pública. La FAO promueve además los programas de gestión integrada de las plagas y el control estricto de los plaguicidas.

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