Imágenes informáticas del cráneo del Arqueopterix indican que este dinosaurio podía volar

NUEVA YORK, 4 (EUROPA PRESS)

Valiéndose de modelos informáticos de modelado de un fósil de un animal Arqueopterix, un equipo científico dirigido por especialistas de la Universidad de Texas en Austin (Estados Unidos), en el que ha participado el investigador español Patricio Domínguez Alonso, del Departamento de Paleontología de la Universidad Complutense de Madrid, ha proporcionado indicios de que este antecesor de las aves tenía un cerebro equipado para realizar delicadas maniobras de vuelo. Este animal tenía un amplio campo de visión en su cerebro y un gran sentido del equilibrio y su oído interno también se parecía mucho al oído de una ave moderna. Los especialistas han definido los rasgos cerebrales del Arqueopterix a partir de un fragmento de fósil, de una antigúedad de 147 millones de años.

Estos hallazgos, que servirán para tratar de averiguar cuándo se inició el vuelo de las aves, se publican ahora en la última edición de la revista “Nature”.

Hasta ahora, dinosaurios encontrados en China y en otros lugares durante la pasada década han llevado a los científicos a especular que algunos de ellos tenían plumas pero no podían volar. Este nuevo trabajo descarta la teoría de que el Arqueopterix estuviera entre ellos.

Para poder volar, las aves necesitan un gran poder cerebral, debido a que requieren una visión especializada, entre otros requisitos. Los que vuelan muy alto, por ejemplo, necesitan coordinar información procedente de sus ojos y oídos y se guían menos por el olfato.

Las marcas del cerebro del Arqueopterix que han quedado dentro de su cráneo han permitido a los científicos asegurar que éste tenía una amplia región cerebral media, que es donde se cruzan los sentidos de vista y oído, además de complejas estructuras del oído interno, al igual que las aves, y su sistema nervioso apenas parecía estar dotado para el procesamiento de los olores.

Igualmente, el cerebro de estos remotos animales tenían una amplia corteza cerebral, necesaria para procesar otra información complicada durante el vuelo, como la presión del viento detectada por las células nerviosas adheridas a las plumas individuales. El predecesor de las aves debió haberse valido de esa información sensorial de las plumas de sus alas para realizar ajustes de su cuerpo durante el vuelo.

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