Un experto afirma que no es posible definir cuándo aparece la consciencia en la vida humana

PAMPLONA, 28 (EUROPA PRESS)
“No es posible señalar el momento en el desarrollo de la persona en el que se pueda identificar cuándo aparece la consciencia”. Esto es lo que afirmó Alberto Ferrús Gamero, profesor del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), en su ponencia en el curso de verano “En busca del fundamento biológico de nuestra identidad”, organizado por la Universidad Pública de Navarra.
Según su opinión “hay una actitud casi obsesiva por encontrar el momento del desarrollo del individuo en el que se puede decir que ya hay consciencia”, y explicó que esto no era posible. Además, respecto a la definición del momento en el que se considera que existe vida humana, declaró que “es un poco artificioso” utilizar la palabra embrión para definir al cigoto fecundado y dividido pero implantado en el útero, y no al cigoto fecundado, dividido y no implantado, llamado preembrión. Ferrús señaló que “esa decisión es puramente artificial y cultural”, ya que en cada cultura se considera la vida en un momento diferente.
En este aspecto, explicó que “no es lícito usar argumentos científicos para justificar una decisión contextual”, y que no cree conveniente “que se extraigan observaciones científicas para justificar algo, porque la historia nos muestra que esas mismas observaciones se pueden utilizar para defender todo lo contrario”. Desde su punto de vista, recurrir a la ciencia para escudarse en una demostración de nuestras ideologías “es profundamente erróneo, injusto y los científicos estamos literalmente hartos de esa apreciación”.
El doctor Ferrús declaró respecto a la legislación, que debía haber una reunión entre científicos y juristas para ponerse de acuerdo, ya que hay descubrimientos científicos que podrían llegar a modificar por ejemplo, el código penal. Ferrús explicó que “cada vez son más los individuos catalogados como asesinos en serie, pero, en muchos casos, sólo tienen una deficiencia en la actividad de la corteza frontal”. La zona frontal de la corteza cerebral, que es una de las últimas partes en madurar, evalúa las consecuencias de los actos que no se han realizado e imagina cosas que aún no se han hecho.
DISTINGUIR CEREBRO “ANORMAL” Y “NORMAL”
Sin embargo, no es posible, según este experto en genética y biología, “separar un cerebro anormal del que es normal, pero ha cometido un acto libre punible”, y por ello anticipó que “en un tiempo breve la judicatura tendrá que informarse y tomar decisiones del conocimiento de la neurobiología sobre esta zona de la corteza”; y que “sería muy bueno que legisladores y neurocientíficos comenzaran a hablar, porque no es lo mismo interpretar las acciones libremente elegidas de las de un individuo que no las ha tomado con libertad porque tiene una deficiencia estructural”.
El trabajo de este doctor se centra en el estudio de las sinapsis, las conexiones del sistema nervioso, por el cual las células se comunican entre sí. Las enfermedades neurodegenerativas están causadas por una pérdida masiva del número de sinapsis, por las que se produce un cambio de comportamiento de las personas en esta edad. Ferrús explicó que “si se encontraran métodos para restaurar ese número de sinapsis,se podría mejorar y paliar estas enfermedades sin necesidad de recurrir a trasplantes o injertos”.
Ferrús explicó que la línea de investigación que se debía seguir para hacer frente a las enfermedades neurodegenerativas, debía ser la actuación sobre las mitocondrias, ya que son éstas las que participan en el intercambio de energía y eliminación de calcio en los contactos de las sinopsis.
Sin embargo, este experto advirtió de los peligros de priorizar demasiado las líneas de investigación, porque aseguró que es necesario avanzar en medicina por todos los frentes, ya que “la esencia del conocimiento científico es la incertidumbre”, y que “gran parte de los avances científicos y técnicos se han debido a descubrimientos fortuitos, no planificados y aparentemente inútiles”.
Respecto a las inversiones en investigación, el profesor del CSIC declaró que “a los científicos se nos abren las carnes cuando vemos inversiones hechas en instrumentos de matar, cuando se podía haber dedicado ese dinero a instrumentos para curar”.

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