Expertos en armas químicas y biológicas equiparan su riesgo al de las nucleares y piden mayor control

BARCELONA, 25 (EUROPA PRESS)
Expertos en armas químicas y biológicas que participan en el diálogo del Forum 2004 “Hacia un mundo sin violencia” equipararon hoy el riesgo de estas tecnologías con el que suponen las armas nucleares, aunque con la diferencia de que la concienciación de gobiernos y sociedad civil no es la misma y de que su difusión aumenta a medida que lo hacen los avances en las ciencias de la vida.
Las armas químicas son aquellas que usan productos ya existentes, como el cloro o el cianuro, y los propagan en el ambiente a través de procesos de licuado o de gasificación. En cambio, las armas biológicas usan agentes vivos, como bacterias o virus, para propagar enfermedades, como el ántrax.
El portavoz del Comité Internacional de Cruz Roja, John Borrie, defendió que “las armas biológicas y químicas tienen el mismo potencial para causar muertos que las armas nucleares”, acrecentado por el hecho de que “pueden darse casos de ataques no detectados y de surgimiento de enfermedades que tengamos que atender causadas por armas biológicas”.
A diferencia de las armas nucleares, las tóxicas “no necesitan una infraestructura tan visible” para su producción, “muchas de las tecnologías de las ciencias de la vida están a disposición de todo el mundo” y son baratas.
Borrie alertó asimismo del riesgo de que “los avances biológicos” que, en principio, son “beneficiosos” se usen “con fines hostiles”. La secuenciación del ADN, por ejemplo, “puede servir para reconstruir el virus de la poliomielitis”. Al mismo tiempo, explicó que “la línea entre las actividades legítimas y las ocultas puede no ser muy visible”, lo que se refleja en “el ensayo con nuevos agentes patógenos para probar vacunas”, patógenos que luego pueden ser empleados como armas.
LA RESPONSABILIDAD DE LOS CIENTIFICOS.
Este portavoz de la Cruz Roja señaló que “el discurso del siglo XX de que no se podía culpar a la ciencia por el mal uso que se hacía de ella ya no es válida, porque la diferencia entre ciencias puras y aplicadas cada vez es menor”.
Por ello, apostó por crear “una red de prevención” del uso de este tipo de armas formada por la comunidad científica y médica, creando “códigos de conducta que regulen las investigaciones sobre patógenos” y proponiendo “métodos de control de enfermedades” para “asegurarse de que no ponen en riesgo la vida con su trabajo”.
Borrie también recordó que la Convención para las Armas Biológicas y Químicas de 1972 prohíbe su uso, incluida su preparación y almacenaje en épocas de paz, pero “no acuerda un régimen de control para que se cumpla”.
POCA CONCIENCIACION.
Por su parte, el director del Proyecto de Prevención de Armas biológicas, Jean Pascal Zanders, alertó de que, en buena parte del mundo, este tipo de armas “se ve como un fetiche de la sociedad occidental, sin darse cuenta de que ellos pueden ser las víctimas o que sus países se pueden usar como lugares de fabricación”.
Como consecuencia de esta visión “abstracta” del problema, el control de las armas tóxicas “no está presente en las prioridades políticas”.

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