Médicos de la USC cultivan células de hueso de la mandíbula para estudiar la compatibilidad de los implantes dentales

Los laboratorios buscan el tratamiento óptimo para recubrir la superficie y reducir el número de rechazos
SANTIAGO DE COMPOSTELA, 1 (EUROPA PRESS)
Un equipo de investigadores de la Facultad de Medicina de Santiago realiza estudios para mejorar la compatibilidad de los implantes dentales con el cuerpo humano a través del cultivo de células de hueso.
Estos expertos buscan también incrementar su capacidad de integración en el organismo, evitando que se produzca el menor número de rechazos posible, según informó el Centro de Innovación y Transferencia de Tecnlogía (CITT) de la Universidad de Santiago.
El coordinador del proyecto es Manuel Freire-Garabal Núñez, del Departamento de Farmacología de la USC. El doctor explica que hasta hace poco era necesario hacer los ensayos clínicos en animales, pero “los resultados no siempre son como en el hombre”.
Por ello surge la necesidad de desarrollar técnicas para extraer células del ser humano, cultivarlas y comprobar que funcionan en contacto con la nueva prótesis. De este modo, los investigadores de la USC han desarrollado una serie de pruebas que consisten en cultivar células de humanos sanos -en concreto de donantes de hueso de la mandíbula- y ponerlas en contacto con los materiales protésicos que fabrica la industria para aplicarlos en los campos de la traumatología y la odontología, en particular los implantes dentales.
El equipo colabora con Impladent, una de las principales empresas españolas que fabrica implantes dentales para compañías de todo el mundo. Estos implantes son piezas de titanio; sin embargo, tal como indica el doctor Freire-Garabal, “el implante no puede ser liso, tiene que llevar un tratamiento que lo haga seguro, puesto que la boca soporta una gran carga”.
RESISTENCIA
De este modo, los laboratorios que fabrican implantes dentales dedican un esfuerzo importante a investigar en nuevos tratamientos para recubrir su superficie y que los hagan resistentes. “Son tratamientos físicos y químicos que modifican la superficie del titanio, mediante la aplicación de partículas, ácidos y otras sustancias”, señala el profesor. “La finalidad es que entren las células y se integren para que el implante no se afloje”, afirma.
Impladent solicita la colaboración de los científicos de la USC para que prueben la viabilidad de los materiales que fabrica, a fin de determinar el que ofrece mejores resultados. Los investigadores analizan las piezas de titanio, cuya superficie ha sido sometida a distintos tratamientos por parte de la empresa.
El procedimiento consiste en poner en contacto las células cultivadas con las piezas de titanio, de modo que las células crecen y cubren la superficie del futuro implante. Luego se estudian todas las piezas para determinar qué tratamiento es el mejor.
Si la superficie del implante tiene unas características determinadas se puede lograr que las células desarrollen hueso idéntico al sano
MAYOR SUPERFICIE
Los investigadores analizan las piezas y comprueban cómo se han desarrollado las células en cada una de ellas. El mejor implante será aquél en el que las células hayan ocupado una superficie mayor.
Estudian aspectos como el contenido de calcio, fósforo, proteínas o la cantidad de células vivas. También valoran aspectos como la porosidad del implante, la fijación de los microbios a su superficie y, en general, su reacción en contacto con el organismo.
Uno de los aspectos más importantes es que el material y su superficie formen un buen hueso, evitando que se suelte el implante. “Si la superficie del implante tiene unas características determinadas se puede lograr que las células desarrollen hueso idéntico al sano y capaz de resistir los requerimientos de un hueso normal”, declara el doctor Manuel Freire-Garabal.
CELULAS EN HUMANOS
En el ser humano el problema del cultivo de células radica en el hecho de que llega un momento en el que dejan de ser específicas y se convierten en vulgares, es decir, que pierden sus características originales. “Cada célula se especializa en algo, por ejemplo en formar hueso, pero acaba transformándose en un tejido que simplemente une, en tejido fibroso”, señala el investigador.
Por ello los investigadores avanzan en conseguir que las células destinadas a formar hueso sigan cumpliendo esta función, de modo que fabriquen proteínas con colágeno y que todo lo que crezca alrededor del implante sea hueso. Estos se logra si las superficies de los implantes son buenas, de forma que en ellas se desarrollará mejor el hueso.
El grupo dirigido por el doctor Freire-Garabal realiza los ensayos en el laboratorio. El siguiente paso es hacer la aplicación clínica, de la que es responsable el Grupo de Cirugía Oral de la Facultad de Odontología, que coordina el profesor José María Suárez Quintanilla.
Esta parte consiste en colocar al paciente un microimplante durante dos semanas, momento en el que se retira y se le coloca el definitivo. Luego se estudia el microimplante que ha llevado el paciente, a fin de comprobar si se han conseguido los resultados deseados.
La ventaja de este trabajo es que un mismo laboratorio (USC) realiza muchos estudios en un mismo proyecto, lo que implica la puesta a punto de más de 20 técnicas en un único centro. Esta situación representa un gran soporte para la industria porque el proceso resulta más rentable.

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