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Los efectos de la bomba atómica de Hiroshima siguen patentes entre sus supervivientes y descencientes



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El estudio de los efectos de la radiación en las víctimas de la tragedia ha permitido elaborar medidas de seguridad nuclear

MADRID, 6 (EUROPA PRESS)

A las 8:15 horas del 6 de agosto de 1945 la primera bomba atómica de la historia caía sobre la ciudad japonesa de Hiroshima. El 'Niño pequeño' (Little boy, en inglés), nombre que el Ejército estadounidense había dado a la bomba, dejaba tras de sí una ciudad arrasada y segaba de forma inmediata, pero también a largo plazo, la vida de unas 140.000 personas. Hoy en día, 60 años después, sus efectos siguen siendo palpables, pero también de aquella horrible los investigadores han sacado beneficios.

Los 'hibakushas', nombre con el que el Japón se conoce a los supervivientes de Hiroshima y Nagashaki --ciudad sobre la que cayó otra bomba el 9 de agosto de 1945 dejando unos 80.000 muertos--, fueron sometidos en los meses siguientes a exámenes médicos por parte de la Comisión de Víctimas de la Bomba Atómica, creada por orden del presidente estadounidense, Harry S. Truman, el mismo que había dado orden de lanzar la bomba.

La asistencia médica prestada a los supervivientes de la tragedia por parte de Estados Unidos en los años posteriores, permitió además a los científicos de este país estudiar los efectos de la radiactividad en las personas. En la actualidad, la Fundación de Investigación de los Efectos de la Radiación, con sede en Hiroshima y fondos nipones y estadounidenses, es la encargada de supervisar los efectos que la radiación tiene en los supervivientes y sus descendientes.

"Este es el único centro epidemiológico que puede investigar con profundidad, a gran escala, los efectos de la radiación en el cuerpo humano. Estudiamos en numerosos casos la relación entre el nivel de exposición y sus manifestaciones físicas", relató la doctora Saeko Fujiwara a la cadena BBC.

Según el científico jefe de la Fundación, el estadounidense Charles Waldren, el trabajo de este centro ha permitido a los científicos diseñar normas de seguridad para la radioactividad, especialmente útiles en las centrales nucleares de todo el mundo. Así, según Waldren al menos medio millón de personas en Estados Unidos y aproximadamente la misma cantidad en Europa han podido beneficiarse de esos hallazgos. "Las normas permiten continuar con las labores en un nivel de exposición a la radiación considerado seguro", afirmó, precisando que "las estimaciones de radiactividad usadas en cada país se basan en nuestros datos".

PREOCUPACION POR LA SALUD

Pero, según la comunidad científica, existe una preocupación real por los 'hibakuyas', y por añadidura de sus descendientes, y por su salud, ya que los científicos ahora saben que cuando se expusieron a la radiación sufrieron un daño genético y que cuanto más cerca del epicentro de la explosión estaban, mayor fue el perjuicio sufrido por su cuerpo. En muchos casos, los genes se repararon por sí mismos pero es posible que esos reajustes hayan sido imperfectos y que haya un mayor riesgo de desarrollar cáncer a avanzada edad.

Según el profesor Kenji Kamiya, del Instituto de Radiación, Biología y Medicina de la Universidad de Hiroshima, citado por la BBC, "el mayor riesgo de desarrollar cáncer entre las víctimas de la bomba atómica se encuentra entre los que fueron expuestos a la explosión siendo más jóvenes".

"Estas personas están actualmente llegando a una edad a la que, incluso en condiciones normales, tendrían más riesgo de desarrollar la enfermedad pero que, al haber recibido radiación, se enfrentan a un peligro aún mayor", añadió. Según Kamiya, la incidencia del cáncer entre los 'hibakushas' seguirá aumentando en los próximos años y llegaría a su cénit en 2020.

La combinación entre el intenso calor provocado por la explosión de 'Little Boy', junto con la presión y la radiación propiamente dicha, provocó en los 'hibakushas' trastornos del crecimiento, envejecimiento prematuro, enfermedades de la sangre y de la piel, daños en el sistema nervioso central y abortos, entre otros muchos problemas de salud. Pero son muchos en Japón los que también presentan este tipo de problemas y que descienden de las víctimas de Hiroshima y Nagasaki, los llamados 'hibaku nisei', la segunda generación.

Sin embargo, ante la ausencia de pruebas fehacientes que demuestren que las dolencias que presentan estas personas se deben a la bomba atómica, el Gobierno japonés ha optado por no reconocer como víctimas a estas personas, que ven así denegado el derecho a exámenes médicos gratuitos o a ayuda financiera, que sí tienen las víctimas directas. No obstante, algunas prefecturas, como la de Tokio, han concedido a los descendientes certificados que les autorizan a someterse a exámenes gratuitos y recibir asistencia financiera en caso de enfermedades como el cáncer. 
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