Con menos de dos años de edad, los humanos ya extrapolamos a otros nuestras experiencias
(NC&T) Uno de los enigmas más interesantes en el desarrollo del niño es cómo los bebés y los niños de corta edad llegan a entender las emociones, los pensamientos y los sentimientos internos de otras personas. Ellos pueden ver el movimiento del cuerpo de una persona, pero no pueden ver en la mente de ésta. ¿Cómo consiguen los bebés mediante la observación de los movimientos corporales de un individuo hacer suposiciones racionales sobre los pensamientos y los sentimientos de éste? Esta investigación indica que una clave es que ellos se utilizan a sí mismos como modelo para entender a otros. Asumen que lo que los afecta de una cierta manera, también afecta a los otros de esa misma forma. Es una buena suposición, y funciona.
En la investigación, Andrew Meltzoff, codirector del Instituto del Aprendizaje y las Ciencias del Cerebro de la Universidad de Washington, y Rechele Brooks, investigadora de la misma universidad, se valieron del rasgo del comportamiento que lleva a seguir algo con la mirada. En este caso concreto, se trataba de cuando un bebé mira a donde otra persona acaba de mirar. Los psicólogos saben hace tiempo que descubrir la dirección de la mirada de otra persona es un componente importante de las interacciones sociales humanas.
Valiéndose de esta estrategia, los investigadores pusieron en marcha un experimento con 96 niños de 1 año de edad (la mitad varones y la mitad hembras) y un segundo experimento con 72 niños de 18 meses de edad (de nuevo con cantidades iguales de varones y hembras), obteniendo los resultados que les han permitido llegar a las conclusiones descritas.
Prueba con un niño de 1 año. (Foto: UW Institute for Learning and Brain Sciences)