Medicina

Un láser para destruir virus en la sangre

(NC&T) Shaw-Wei David Tsen, investigador de inmunología en el laboratorio de T. C. Wu, del Centro Kimmel contra el Cáncer, buscaba un nuevo método para librar de patógenos peligrosos la sangre aislada, incluyendo al virus del SIDA y al de la hepatitis C. Las técnicas actuales que utilizan la irradiación ultravioleta y radioisótopos pueden dejar un rastro de componentes sanguíneos mutados o dañados.

Emplear vibraciones ultrasónicas para destruir virus era una posibilidad, pero su padre, Kong-Thon Tsen, un experto en láseres de la Universidad del Estado de Arizona, tuvo una mejor idea: el láser, a diferencia del ultrasonido, puede penetrar en el agua (absorbente de energía) que rodea a los virus y hacer vibrar directamente al propio patógeno.

Los investigadores enfocaron un láser de baja potencia, con un pulso que dura sólo 100 femtosegundos, sobre tubos de vidrio con una solución salina que contenía virus que infectan a algunas bacterias. La cantidad de virus infecciosos dentro de cada tubo disminuyó entre 100 y 1.000 veces después del tratamiento con el láser.

Este láser es diferente de aquellos que emiten un haz continuo de luz visible, porque envía repetidamente un pulso rápido de luz y entonces cesa, permitiendo que la solución que rodea al virus se enfríe. Esto reduce significativamente los daños que produce el calor sobre los componentes normales de la sangre.

Destruir virus en la sangre
El nuevo láser mata los virus de las muestras. (Foto: JHU)
Trabajando sobre la idea de que la vibración destroza la capa exterior del virus, los científicos comprobaron que su láser de baja potencia opera selectivamente, ya que destruye los virus pero no las células humanas normales alrededor de ellos, mientras que los haces láser más fuertes matan casi todo. Los investigadores especulan con que esas vibraciones del láser podrían destruir tanto a los virus farmacorresistentes, como a los que son sensibles a los medicamentos.

Otros colaboradores adicionales incluyeron a Chih-Long Chang y Chien-Fu Hung (de la Universidad Johns Hopkins) y a Juliann G. Kiang (de la USUHS).


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