Medicina

Nuevos descubrimientos sobre los efectos adversos del oxígeno puro en el cerebro

(NC&T) Los hallazgos recomiendan una nueva práctica, añadir una pizca de dióxido de carbono a la mezcla, para preservar mejor las funciones cerebrales de los pacientes.

"Durante décadas, la comunidad médica ha defendido a capa y espada el oxígeno 100 por cien puro como un método estrella para la resucitación. Pero nadie había descrito en detalle qué sucede dentro de nuestros cerebros al inhalar oxígeno puro", explica Ronald Harper, profesor de neurobiología en la Escuela David Geffen de Medicina en la UCLA. "Lo que descubrimos se añade a una importante serie de evidencias de que conviene modificar una práctica médica ampliamente extendida".

El equipo de Harper empleó la visualización a través de resonancia magnética funcional (fMRI) para obtener imágenes destalladas de lo que ocurre en el interior del cerebro humano durante dos escenarios diferentes de respiración. La técnica detecta incrementos sutiles en el flujo de sangre provocados por la activación de diferentes partes del cerebro, y ello hace que estas regiones aumenten su luminosidad en la imagen a color.

Los investigadores escanearon los cerebros de 14 niños sanos, de edades que oscilaban entre los 8 y los 15 años, y monitorizaron sus ritmos cardíaco y respiratorio, cuando inhalaban oxígeno puro a través de una boquilla durante dos minutos. Después de esperar ocho minutos a que la respiración de los jóvenes regresara a la normalidad, los investigadores añadieron al oxígeno un 5 por ciento de dióxido de carbono, y repitieron la exploración.

La comparación de ambos resultados reveló diferencias notables.

Cuando los niños inhalaron oxígeno puro, su respiración se aceleró, resultando en una rápida eliminación del dióxido de carbono de sus cuerpos. La caída en los niveles de CO2 estrechó sus vasos sanguíneos, obstaculizando la llegada de oxígeno a los tejidos en el cerebro y en el corazón.

Entonces, algo sorprendente apareció en las imágenes. Tres estructuras cerebrales se iluminaron de repente: el hipocampo, que ayuda a controlar la presión sanguínea; la corteza cingular, que regula la percepción del dolor y también la presión sanguínea; y la ínsula, que monitoriza el estrés físico y emocional.

Toda esta actividad excitó al hipotálamo, que regula el ritmo cardíaco y la liberación de hormonas. La activación del hipotálamo disparó a su vez una cascada de reacciones perniciosas y liberó sustancias químicas que, con el tiempo, pueden dañar al cerebro y al corazón. Estas sustancias interfieren en la capacidad del corazón para bombear sangre y distribuir el oxígeno, el efecto opuesto al que se persigue cuando se intenta reanimar a alguien.

Cuando los niños inhalaron la mezcla con un 95 por ciento de oxígeno y un 5 por ciento de dióxido de carbono, la hiperactividad del hipotálamo se desvaneció en las imágenes de la resonancia. Añadir dióxido de carbono al oxígeno relajó los vasos sanguíneos, permitió que el oxígeno alcanzara al corazón y al cerebro, calmó al hipotálamo y disminuyó la liberación de las sustancias químicas peligrosas.


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