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La densidad calórica es un factor decisivo al intentar perder sobrepeso

(NC&T) Alimentos con alta proporción de agua y baja de grasas, por ejemplo frutas, verduras, sopas, carne magra, y productos lácteos con poca grasa, son de baja densidad calórica y por tanto proporcionan pocas calorías por cada ración. "Seguir una dieta de baja densidad calórica permite que la gente consuma porciones generosas de alimentos, y ello puede disminuir la sensación de hambre mientras se reducen las calorías", subraya la Dra. Julia A. Ello-Martin.

Anteriormente, se sabía poco sobre la influencia de las dietas de baja densidad calórica sobre el peso corporal. "Se sabía que tales dietas reducen la ingesta total de calorías a corto plazo, pero su papel para promover la pérdida de peso a largo plazo no estaba claro", explica la Dra. Barbara J. Rolls.

Las investigadoras compararon los efectos de dos dietas, una baja en grasas, la otra alta en alimentos ricos en agua y con baja proporción de grasa, en 71 mujeres obesas con edades de entre 22 y 60 años. Las participantes fueron instruidas por nutricionistas para hacer las selecciones apropiadas de alimentos a fin de poder seguir una dieta de baja densidad calórica, pero a diferencia de la mayoría de las dietas, no les fueron asignados límites diarios de calorías, es decir que podían comer la cantidad de esos alimentos que les apeteciera.

Al finalizar el año, se demostró en las mujeres de ambos grupos una pérdida significativa de peso así como una disminución en la densidad calórica de sus dietas. Sin embargo, las mujeres a quienes se les añadieron alimentos ricos en agua en sus dietas perdieron más peso durante los primeros seis meses del estudio que las que sólo redujeron la grasa en ellas: 8,9 kilogramos contra 6,7. La pérdida de peso fue mantenida de manera similar por las personas de ambos grupos durante el segundo semestre del estudio.

Las mujeres que tenían incluidos alimentos más ricos en agua comieron un 25 por ciento más de alimento por peso, y se sintieron menos hambrientas que las que siguieron la dieta baja en grasas. Comiendo más frutas y verduras podían ingerir más alimento, saciando mejor su apetito, y esto les hacía más llevadero el sacrificio de seguir la dieta, con lo cual se la saltaron menos y perdieron más peso.

Por otra parte, aumentar el consumo de alimentos ricos en agua, por ejemplo fruta y verdura, no sólo es útil para reducir el exceso de peso, sino que también puede ayudar a reducir el riesgo de ciertas enfermedades crónicas.

Además de Ello-Martin y Rolls, en la investigación trabajaron Liane S. Roe, Jenny H. Ledikwe y Amanda M. Beach.

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