El centro de procesamiento emocional del cerebro contribuye a la cognición
(NC&T) En dos estudios diferentes realizados con resonancia magnética funcional por imágenes (fMRI) en un total de 74 participantes, las diferencias individuales en la actividad de la amígdala predijeron su funcionamiento en una tarea de memoria de trabajo.
Las personas con respuestas más fuertes de la amígdala durante la realización de tareas con la memoria de trabajo, también presentaron tiempos de respuesta más rápidos. Este efecto se mantuvo incluso cuando las personas respondían a palabras neutras que difícilmente pueden resultar emocionales.
Se pidió a los sujetos mirar palabras, como gallo, codo, y acero, o caras atractivas de hombres y mujeres. Luego se les solicitó que indicaran si la palabra o la imagen actual se correspondía o no con la que habían visto tres cuadros antes, lo que resulta difícil para la mayoría de las personas. Sus cerebros fueron examinados mientras realizaban esas tareas.
"Nuestros resultados son sorprendentes porque demuestran que una estructura del cerebro que se estimaba involucrada sobre todo, o quizás incluso exclusivamente, en el procesamiento de las emociones, también está implicada en tareas de cognición elevada, incluso cuando no hay ningún contenido emocional", explica Jeremy Gray, coautor del estudio y profesor de psicología en la Universidad de Yale. "De hecho, debido a que parecía ir tan en contra de lo considerado como más plausible, asumimos que era muy importante reproducir el resultado, y así lo hicimos".
 | | La activación de la amígdala predijo un rendimiento más rápido de la memoria de trabajo. (Foto: Yale U.) |
Él y su equipo suponen que la amígdala puede cumplir, entre otros propósitos, una función de vigilancia general dirigida a preparar mejor a las personas para enfrentarse con situaciones desafiantes, y también para ayudar a ordenar la información según su relevancia con relación a la tarea presente.
"Estos resultados pueden ayudarnos a comprender mejor cómo la emoción y la cognición actúan recíprocamente en el cerebro humano", explica Alexander Schaefer, coautor del trabajo (y actualmente en la Universidad de Leeds, en el Reino Unido).
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