Medicina

El cinc puede tener un papel clave en la reacción de miedo y otras conductas aprendidas


(NC&T) Los investigadores, del Hospital McLean (vinculado a la Universidad de Harvard), y de otras instituciones, han anunciado que el cinc iónico, que es liberado con el neurotransmisor glutamato en las sinapsis o puntos de contacto entre las neuronas en la amígdala, cumple una función esencial en la moderación de la actividad de estos puntos de contacto, incrementando la transmisión de señales eléctricas e impulsando la actividad de las neuronas que intervienen en el condicionamiento del miedo.

"Éste es el primer estudio que aporta una explicación mecanicista del papel del cinc en el sistema nervioso central", afirma Vadim Bolshakov, principal investigador, director del Laboratorio de Neurobiología Celular en el Hospital McLean, y profesor de psiquiatría en la Academia Médica de la Universidad de Harvard. Los estudios anteriores habían mostrado que la amígdala, estructura cerebral importante para las respuestas emocionales, es el lugar donde se forma la memoria del miedo.

El papel funcional del cinc en el sistema nervioso central ha sido, hasta ahora, desconocido.

En este estudio, los investigadores analizaron la presencia de dicho metal en secciones de la amígdala así como en la corteza auditiva, un área del cerebro que transmite información importante para el aprendizaje del miedo ante sonidos concretos.

Para explorar el papel del cinc en los circuitos neuronales involucrados en la conducta vinculada al miedo, los investigadores grabaron la actividad eléctrica de las neuronas de la amígdala en cerebros de ratas.

"Nuestros resultados proporcionan la primera evidencia directa de que el cinc liberado durante la comunicación entre las neuronas tiene un impacto en la neurotransmisión en la amígdala, contribuyendo potencialmente así al aprendizaje del miedo", explica Bolshakov.

Esto ocurre cuando las células que descargan cinc secretan también el neurotransmisor glutamato que domina sobre otras células que segregan el neurotransmisor inhibidor GABA. Como resultado, las neuronas en la amígdala se vuelven más excitables y contribuyen así a la respuesta de miedo. El bloqueo de la inhibición en la amígdala a través del cinc liberado durante la transmisión de señales, hace al cerebro más susceptible de efectuar cambios de larga duración, incluyendo recuerdos duraderos asociados al miedo.

El estudio del Hospital McLean ha contado también con la colaboración destacada del galardonado con el Premio Nobel del año 2000, Eric Kandel, de la Universidad de Columbia, y de Gleb Shumyatsky de la Universidad Rutgers. Otros investigadores que participaron en el estudio fueron Sodikdjon Kodirov, Shuichi Takizawa, y Jamie Joseph.


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