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La obesidad ¿está en su cabeza?

(NC&T) Esta es la conclusión que arroja una reciente investigación, efectuada por Jennifer A. Teske, Allen S. Levine y Catherine M. Kotz de la Universidad de Minnesota y del Centro de Obesidad de Minnesota; Michael Kuskowski, del Centro Médico para Veteranos de Minneapolis; y James A. Levine, de la Clínica Mayo, en Rochester, Minnesota.

El estudio desveló que los cerebros de ratas criadas para ser delgadas eran más sensibles a una sustancia química producida en el cerebro, llamada orexina A, que estimula el apetito pero también la actividad física espontánea, como la usual en las personas "que no saben estarse quietas", y otros movimientos inconscientes.

Comparadas con ratas criadas para ser obesas, las delgadas tenían claramente una mayor expresión de los receptores de orexina en el hipotálamo.

La mayor expresión de los receptores de orexina sugiere que los cerebros de las ratas delgadas son más sensibles a la orexina producida por el cerebro.

Esta línea de investigación sugiere que los movimientos inconscientes de pequeña envergadura pero muy frecuentes, como los que puede realizar una persona inquieta a lo largo de una mañana moviéndose en su silla sin casi parar, y otros comportamientos asociados con evitar la inmovilidad absoluta, queman calorías y ayudan a controlar el peso. Además, esto sugiere una estrategia para reducir el aumento de peso, y podría conducir al desarrollo de un fármaco que estimule este tipo de movimientos corporales menores.

"Muchas personas se centran en la dieta, pero para algunas puede ser más factible controlar su peso a través de estos movimientos pequeños pero constantes realizados a lo largo de todo el día", explica Kotz. "Contrariamente a la creencia común, los ritmos metabólicos no varían mucho de una persona a otra, y el aumento de peso generalmente resulta de comer demasiado, quemar muy pocas calorías, o hacer ambas cosas".

Los investigadores llegaron a sus conclusiones después de realizar los citados experimentos con ratas propensas a la obesidad y con otras resistentes a la misma. En el estudio también se utilizó un grupo de control de ratas normales de laboratorio.

Cada rata consumió el mismo número de calorías cada día. Los investigadores hicieron mediciones cuidadosas de diversos parámetros de actividad física en cada una, usando sensores para captar incluso los movimientos más pequeños, como por ejemplo los usados para acicalarse.

Durante el periodo de análisis comparativos, se comprobó que el grupo tendente a la delgadez se movía considerablemente más que el grupo proclive a la obesidad. Esto sucedía incluso siendo jóvenes todas las ratas y pesando igual unas y otras, lo que excluía, entre otros factores de diferencia, el de que la propia obesidad fuese la causa del movimiento disminuido.

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