Medicina

Un ancestro de humanos y monos pudo ser crucial en la evolución del lenguaje

(NC&T) Al escuchar los arrullos y gritos de un miembro de su especie, el mono rhesus, o macaco, hace uso de regiones del cerebro que corresponden a los dos principales centros del lenguaje en el cerebro humano. Esa es la conclusión de un estudio dirigido por científicos en el Instituto Nacional de la Sordera y Trastornos de la Comunicación (NIDCD) y el Instituto Nacional de Salud Mental (NIMH).

El hallazgo refuerza la hipótesis de que dicho antepasado de humanos y simios pudo haber poseído los mecanismos neurales clave sobre los que se construyó el lenguaje.

Los investigadores principales en el estudio son Allen Braun (jefe de la Sección de Lenguaje del NIDCD), Alex Martin (jefe de la Sección de Neuropsicología Cognoscitiva del NIMH), y Ricardo Gil-da-Costa (Instituto Gulbenkian de Ciencia, Oeiras, Portugal).

Este intrigante hallazgo nos lleva más cerca de conocer el punto exacto de la historia evolutiva en que las piezas del lenguaje aparecieron por vez primera.

Aunque los primates no humanos no poseen lenguaje, son capaces de comunicar cosas tales como la comida, la identidad, o el peligro, a los miembros de sus especies, por vía de vocalizaciones que se interpretan y con arreglo a las cuales se actúa. En los humanos, las dos regiones principales del cerebro que están involucradas en codificar este tipo de información en el lenguaje son conocidas como el área de Broca y el área de Wernicke, llamadas así en referencia a los nombres de los investigadores médicos que las descubrieron.

Hubo un tiempo en que se creyó que el área de Broca estaba principalmente involucrada en la producción del lenguaje mientras que el área de Wernicke trataba más con la comprensión. Sin embargo, hoy se tiende a pensar que las dos áreas trabajan juntas, en tándem.

Aunque los monos no pueden realizar las actividades mentales requeridas para el lenguaje, sus cerebros poseen regiones que son estructuralmente similares a las áreas equivalentes en los humanos en ambos hemisferios.

En el nuevo estudio, los investigadores encontraron que los arrullos y gritos específicos de cada especie y que poseen significado, produjeron ostensiblemente más actividad que la despertada por los estímulos de control no biológicos, en las mismas tres regiones del cerebro del macaco. Es más, estas regiones corresponden a los centros clave del lenguaje en los humanos.

En cambio, los sonidos no biológicos, que acústicamente eran similares a los arrullos y gritos pero no tenían ningún significado para los animales, claramente produjeron menos actividad en estas regiones.

Basándose en estos resultados, los investigadores sugieren que los centros de comunicación en el cerebro del último antepasado común de macacos y humanos, en particular esos centros usados para interpretar las vocalizaciones específicas de la especie, pudieron haber sido reclutadas durante la evolución del lenguaje en los humanos.


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