Medicina

Algunas microexpresiones siempre nos delatan al mentir


(NC&T) Aplicando tecnología informática a la naturaleza de la comunicación no verbal originada por las emociones, Mark Frank, un profesor de comunicación en la Escuela de Informática en la Universidad de Buffalo, ha inventado métodos para reconocer y leer con precisión las señales conductuales conscientes e inconscientes que suelen indicar el engaño.

Su investigación ya es empleada por cuerpos de investigadores en diversos países, y, afirma Frank, "puede aplicarse al entrenamiento de guardias de seguridad en puntos de control de acceso, para ayudarles a identificar y descifrar sutiles señales en el modo de hablar, y fugaces destellos de expresión facial, que traicionan las emociones ocultas o sugieren líneas de preguntas adicionales".

Frank señala que una gran cantidad de investigaciones han perfeccionado y afinado las observaciones que ya hiciera Darwin en su día sobre la naturaleza forjada por la evolución, que poseen las emociones y sus vías de expresión.

De hecho, el mentor de Frank durante sus años postdoctorales en la Universidad de California en San Francisco, fue Paul Ekman, el mayor experto del mundo en la lectura de expresiones faciales. Ekman dirigió extensas investigaciones interculturales y comprobó que una amplia gama de expresiones faciales relacionadas con emociones específicas son idénticas en culturas distintas.

"Las expresiones faciales fugaces son expresadas por movimientos ínfimos e inconscientes de diversos músculos faciales, y estos micromovimientos, cuando son provocados por emociones subyacentes, escapan casi por completo al autocontrol", explica Frank.

Partiendo de su labor conjunta con Ekman, Frank ha seguido profundizando en la especialidad, y ya ha identificado y aislado movimientos específicos y a veces del todo involuntarios de los 44 músculos faciales humanos ligados al temor, la desconfianza, la aflicción y otras emociones que pueden relacionarse con el engaño. Ha desarrollado programas informáticos que automatizan los procesos de análisis de Ekman, haciendo posible identificar automáticamente cada expresión facial.

El sistema de Frank ha demostrado tener éxito al identificar a sospechosos involucrados en conductas delictivas convencionales, y en la potencialmente delictiva.

Desde la tragedia del 11 de Septiembre de 2001, numerosas agencias gubernamentales federales de Estados Unidos han provisto de fondos a Frank, aunque él declina por ahora desvelar la naturaleza precisa de su investigación actual.

Frank cuenta que empezó a desarrollar las habilidades de identificación cuando era guardián en un bar de Buffalo. Explica que se entrenó para descubrir conductas que sugiriesen qué clientes eran menores de edad y por tanto no podían tomar alcohol, llevaban oculta una pistola, o venían con ganas de pelear. Desarrolló un sexto sentido que le permitió descubrir a potenciales alborotadores por la manera que miraban al entrar.

Afinó sus habilidades durante años de investigación mirando fijamente miles de vídeos (a veces en cámara lenta) en los cuales gamberros, ladrones y asesinos proclamaban su inocencia, o en los que cientos de estudiantes voluntarios aceptaban el reto de intentar mentir sin ser descubiertos y ganar un poco de dinero.


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