Un estudio muestra que el cerebro puede manipular el sabor
Un grupo de científicos de la Universidad de Wisconsin-Madison ha empezado a desvelar algunos de estos secretos neurológicos ocultos tras tan notables fenómenos, y a mostrar cómo el cerebro puede ser programado en anticipación de la experiencia sensorial, para responder de las maneras prescritas. Sus experimentos retratan el cerebro en acción cuando es engañado.
El nuevo trabajo, realizado por un equipo dirigido por el profesor de psicología y psiquiatría Jack B. Nitschke de la citada universidad, probó la capacidad del cerebro humano de mitigar el mal sabor por medio de una artimaña de anticipación. El trabajo, desarrollado en el Centro Waisman de la universidad antedicha, utilizó innovadoras técnicas de visualización cerebral así como un desagradable brebaje de quinina en un conjunto de estudiantes de la universidad, revelando en detalle cómo el cerebro responde a una manipulación pensada para mitigar una experiencia desagradable.
Nitschke y sus colegas expusieron a 43 estudiantes no graduados a pociones de quinina, agua con azúcar o agua destilada, al mismo tiempo que se les escaneaba mediante imaginología por resonancia magnética (MRI).
A los sujetos se les pidió asociar de antemano un juego prescrito de señales con un sabor. Un "signo menos" enviado a través de fibra óptica a las gafas de los sujetos sometidos a la MRI, era en este caso un signo que anticipaba que el líquido que gotearía hacia la boca, tendría un sabor muy amargo. La señal "cero" precedía a un sabor neutro, y un "signo más" anunciaba un sabor agradable, dulce.
Las señales se proyectaron a los sujetos antes de la administración de unas gotas del líquido. Pero en el estudio, las señales no siempre se correspondían con el sabor que pronosticaban.
Los investigadores observaron que cuando se dio a los sujetos una señal que les hizo pensar que el sabor que iban a experimentar sería menos amargo, el sabor se percibió como tal y las regiones del cerebro que codifican los sabores se activaron menos.
En síntesis, el nuevo estudio muestra cómo las expectativas afectan al modo en que los humanos percibimos las entradas sensoriales, y cómo los eventos en el cerebro se relacionan directamente con esas percepciones.
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