Asociaciones predictivas y preferencias alimenticias
Los investigadores John O'Doherty y sus colegas han rastreado en qué parte de las regiones cerebrales que procesan los impulsos de recompensa residen estas preferencias, ayudando a comprender la maquinaria neural con la que el cerebro establece todo comportamiento preferencial.
En sus experimentos con voluntarios humanos, primero calificaron las preferencias de los sujetos ante cuatro jugos (grosella negra, melón, pomelo (toronja), y zanahoria) y una solución de control insípida e inodora.
Escanearon entonces el cerebro de los sujetos por resonancia magnética funcional (fMRI) a medida que éstos establecieron una asociación Pavloviana condicionante. Tal condicionamiento es del mismo tipo que Pavlov usó para que los perros asociasen estímulos aparentemente irrelevantes, como el sonido de una campana, con la comida. Sin embargo, en este caso, los investigadores condicionaron a los sujetos para asociar cada jugo con un estímulo visual arbitrario, una forma geométrica brillando en una pantalla.
A los sujetos no se les informó que la forma visualizada estaba asociada a cierto sabor de jugo de frutas dispensado en forma de chorro. La instrucción que recibieron fue que indicasen, presionando el botón correspondiente, en qué lado de la pantalla aparecía la forma.
A medida que los sujetos realizaron la tarea, inconscientemente condicionados a asociar las formas a los jugos, los investigadores usaron fMRI para ir en busca de actividad delatora en regiones cerebrales conocidas por su asociación con el estímulo de recompensa y su aprendizaje. La técnica de fMRI detecta el incremento en el flujo sanguíneo cerebral, que refleja una mayor actividad neural.
Midieron el grado de eficacia con el que los sujetos eran condicionados a anticipar el sabor, midiendo la dilatación pupilar después del estímulo y antes de recibir el jugo.
Analizando los escáneres cerebrales, los investigadores detectaron respuestas significativas que indican que el aprendizaje de preferencias conductistas reside en una región llamada mesencéfalo ventral, así como también en un área del núcleo estriado ventral (núcleo accumbens). En la primera, encontraron que la respuesta se incrementó al aumentar la preferencia por el jugo. En la segunda, hubo una respuesta "bivalente", con respuestas más altas para los jugos más y menos preferidos.
La implicación principal del estudio presente es que provee una explicación de cómo las representaciones predictivas, aprendidas a través del condicionamiento clásico, producen una actividad en el cerebro humano que guarda relación directa con la preferencia conductista.
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