Dicha vitamina se acumula en el hígado, donde se transforma en retinoide. La vitamina A, como tal, no tiene ningún efecto en nuestro organismo; son los retinoides los responsables de la actividad fisiológica de la vitamina A.
Los retinoides participan en tres procesos: en la muerte celular, en la diferenciación y en la proliferación de las células.
El departamento de Biología Celular e Histología de la UPV comenzó hace una década a investigar cómo se potencia la muerte celular mediante los retinoides, con el fin de utilizar dicho potencial en la lucha contra las células cancerígenas.
Se producen en las células dos tipos de muerte: la necrosis y la apoptosis. La necrosis es la muerte patológica; es decir, se trata de una muerte causada por alguna carencia o déficit en la célula, como puede ser la falta de oxígeno o de alimentos.
En cambio, la apoptosis consiste en la muerte programada de la célula. Varias células han de morir para que nuestro organismo funcione correctamente. Cuando se crean las manos de un feto en el vientre de la madre, por ejemplo, en un primer estadio los dedos suelen estar unidos por una membrana. Dicha membrana tiene que desaparecer y, por lo tanto, las células que la forman han de morir para que las manos se desarrollen correctamente. Esta muerte celular está programada en los genes del embrión y tiene una función concreta. En eso consiste, pues, la apoptosis.
Todas las células contienen la información necesaria para poder llegar a la apoptosis, pero, por supuesto no todas las células deben morir. Los estímulos, tanto internos como externos, son los que inician dicho mecanismo en los casos en los que resulta necesario. Participan en este proceso distintas sustancias moduladoras, entre las cuales se encuentran los retinoides.
Los investigadores de la UPV optaron por la retinamida para las investigaciones. La retinamida es un retinoide sintético; es decir, nuestro cuerpo no genera dicha sustancia.
Los retinoides naturales se utilizan para tratar distintas enfermedades (por ejemplo, las de la piel), pero en las dosis necesarias son bastante tóxicos, no se toleran bien. Por eso se crearon los retinoides sintéticos.
Concretamente, los investigadores de la UPV han analizado el efecto de la retinamida en algunos tipos de leucemias, tales como las linfoblásticas. Hoy día utilizan muestras del Hospital de Cruces para conseguir células de este tipo de leucemias.
Las leucemias linfoblásticas son, como su nombre indica, un tipo de leucemias que afecta a los linfoblastos (células grandes, precursoras de los linfocitos). Los linfoblastos malignos se dividen constantemente y se acumulan en la médula ósea, impidiendo la formación de las células de la sangre. En los análisis realizados en el laboratorio, se ha observado que el 95 % de estos linfoblastos malignos muere tras la aplicación de retinamida. ¿Pero, qué mecanismo provoca realmente dicha muerte?
Para explicar este proceso, los investigadores han analizado el mecanismo de acción de la retinamida a nivel molecular. De los análisis se desprende que la retinamida acelera el estrés oxidativo dentro de las células malignas y que dicho estrés activa los mecanismos que conducen a la apoptosis. Esta muerte suele ser limpia y programada: un grupo de enzimas corta por determinados puntos las proteínas del interior de la célula, provocando su muerte. Dicha muerte no tiene ningún efecto sobre las células sanas adyacentes, no produce hinchazón, y los efectos secundarios son mínimos.
Por lo tanto, según se ha demostrado, la retinamida tiene un gran potencial para eliminar las células linfoblásticas sin afectar a los linfocitos sanos ni al resto de células normales.
Una vez aclarado el mecanismo molecular de acción, los investigadores han analizado por qué la retinamida no afecta a las células sanas. Diversos factores explican el fenómeno. Es evidente, por lo tanto, que, aparte de los mecanismos moleculares, hay otros factores que afectan a la efectividad de la retinamida. Dichos factores deben ser tenidos en cuenta a la hora de comercializar un fármaco para las leucemias basado en la retinamida.
Por otra parte, según los investigadores, los tratamientos se harán en un futuro a medida del paciente, ya que no todas las personas responden igual a un mismo tratamiento. Por eso, la investigación médica y farmacéutica insiste en la necesidad de conocer las características genéticas de cada paciente para poder especificar un tratamiento adecuado. En el caso de la retinamida también se deberán tener en cuenta dichas características genéticas, pero antes hay que conocer a fondo los mecanismos de acción de la retinamida en las células. Esta investigación puede aportar datos fundamentales para alcanzar el citado objetivo.