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Hormona que aumenta la confianza y atenúa el miedo en seres humanos

Los escaneos del efecto de la hormona oxitocina sobre la función del cerebro humano revelan que ésta reprime al centro cerebral del miedo (la amígdala), y sus pedúnculos, regulando la respuesta a estímulos de miedo. El trabajo, realizado en el Instituto Nacional de Salud Mental (NIMH), en Estados Unidos, y en un laboratorio colaborador en Alemania, abre nuevos enfoques para el tratamiento de las enfermedades que implican la disfunción de la amígdala y el miedo social, tales como fobias sociales, autismo, y posiblemente esquizofrenia.

Los estudios en animales han demostrado que la oxitocina desempeña un papel predominante en comportamientos emocionales y sociales complejos, tales como los vínculos afectivos, el reconocimiento social y la agresión. Ahora, por primera vez, es posible observar literalmente estos mismos mecanismos actuando en el cerebro humano.

Los cambios detectados en la amígdala sugieren que un análogo muy activo de la oxitocina podría tener valor terapéutico en los trastornos caracterizados por el deseo de rehuir el contacto social.

Inspirado por científicos suizos que el verano pasado desvelaron que la oxitocina aumenta la confianza en los seres humanos, Andreas Meyer-Lindenberg, del NIMH, y sus colegas, prepararon una serie de tests encaminados a explorar cómo éste trabaja en el nivel de la circuitería cerebral. Investigadores británicos habían relacionado anteriormente la actividad aumentada de la amígdala con una disminución de la confianza. Habiendo descubierto una actividad disminuida de la amígdala en la respuesta a estímulos sociales, en personas con una alteración genética rara del cerebro que les lleva a confiar excesivamente en otros, Meyer-Lindenberg lanzó la hipótesis de que la oxitocina eleva la confianza suprimiendo la actividad de la amígdala y sus redes de procesamiento del miedo.

Aumento autoconfianza
Imágenes del cerebro que muestran la actividad de la amígdala. ((Foto: NIMH Genes, Cognition and Psychosis Program))
Para probar esta idea, pidió a 15 hombres sanos que olieran oxitocina o un placebo antes de ser escaneados mediante Resonancia Magnética Funcional (fMRI), la cual revela qué partes del cerebro son activadas por actividades particulares. Mientras eran escaneados, los hombres realizaron tareas que se sabe activan la amígdala, como observar rostros furiosos o aterrados, y escenas amenazantes.

Tal como se esperaba, las imágenes inquietantes activaron la amígdala durante la exploración fMRI con placebo, pero despertaron una actividad mucho menor después del uso de oxitocina. La diferencia era especialmente pronunciada en respuesta a rostros amenazantes, sugiriendo un papel crucial para la oxitocina en la regulación del miedo social. Además, la oxitocina amortiguó la comunicación de la amígdala con los puntos superiores de los pedúnculos que retransmiten la respuesta del miedo. Los resultados coincidieron con los hallazgos en ratas, divulgados hace algunos meses por científicos europeos.

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