Medicina

Descubrimientos sobre el autismo


En el estudio, realizado por expertos del Instituto Howard Florey de Melbourne y de otras instituciones, dirigidos por el Dr. Ross Cunnington, se ha usado resonancia magnética funcional por imágenes (fMRI) para mostrar que los niños autistas tienen un nivel de activación más débil de lo normal en las partes profundas del cerebro responsables de la función ejecutiva (atención, razonamiento y solución de problemas).

Ya se sabía anteriormente que el autismo tiene una causa biológica, pero esta investigación de neuroimaginología ha mostrado claramente que la disfunción en el cerebro es responsable de que los niños aquejados tengan problemas con su función ejecutiva.

Descubrir por qué los niños autistas tienen la función ejecutiva dañada puede ayudar a desarrollar mejores terapias orientadas a mejorar su habilidad para prestar atención y resolver problemas.

Específicamente, los investigadores han encontrado que la actividad en el núcleo caudado, un componente crítico de circuitos que enlazan la corteza prefrontal del cerebro, está reducida en los niños autistas.

Estos descubrimientos tienen implicaciones importantes, dado que los circuitos prefrontales desempeñan un papel esencial en concentrar y mantener la atención, así como en trazar planes, establecer metas, y mantener esas metas en la memoria durante el proceso de solucionar problemas y el de tomar decisiones.

El Dr. Cunnington y el estudiante de doctorado Tim Silk también han estado estudiando niños hiperactivos que sufren alteraciones que les causan dificultades para prestar atención, y han encontrado que éstos y los autistas presentan similitudes en el deterioro de la función ejecutiva específica.

El estudio del autismo se llevó a cabo con muchachos de 11 a 18 años de edad aquejados de autismo, así como con adolescentes sin la enfermedad, con el fin de poder establecer diferencias.

En Australia, donde se ha efectuado la investigación, las estadísticas indican que el autismo afecta a una de cada 100 personas. Esta alteración permanece en el individuo durante toda su vida, afectándola seriamente en la manera en que se comunica y relaciona con otras personas. Los autistas muestran un claro deterioro en su capacidad de interacción con otras personas, comunicación y comportamiento social.

La mayoría de las personas con autismo también tienen una incapacidad intelectual. Quienes sufren el Síndrome de Asperger, una alteración parecida al autismo pero no igual, suelen poseer una inteligencia normal o superior a la media, y pueden tener habilidades de comunicación relativamente buenas, pero dificultades específicas de aprendizaje.

Para realizar el estudio, los científicos del Instituto Howard Florey contaron con la colaboración de científicos de la Universidad de Monash, el Instituto de Investigación del Cerebro y la Universidad Tecnológica de Texas (Texas Tech).


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