Los estudiantes aprenden mejor cuando los números no hablan ni bailan
Los estudiantes lograron también resultados más eficaces al aplicar lo aprendido a nuevas situaciones, cuando se les instruía mediante símbolos abstractos en lugar de objetos concretos.
Los resultados de los experimentos, conducidos por Vladimir Sloutsky (director del Centro para Ciencias Cognitivas en la Universidad Estatal de Ohio) y sus colegas Jennifer Kaminski y Andrew Heckler, mostraron que los estudiantes tienden a aprender más y mejor cuando el conocimiento es presentado en formas genéricas y abstractas.
Los resultados de este estudio sugieren que los maestros podrían necesitar replantearse uno de los conceptos más ampliamente aceptados en su profesión. Muchos profesores creen que, con materiales concretos a modo de ejemplos, y casi siempre pródigos en detalles visuales, aprender es más divertido para los estudiantes, y que ello aumentará sus motivaciones y les ayudará a entender mejor los conceptos. Aún cuando esto puede ser verdad en muchos casos, esa clase de materiales también interfiere con lo que los alumnos están tratando de aprender.
Un caso común de cómo esos materiales pueden ser usados inapropiadamente es la enseñanza de números y letras. Los libros y los programas educativos de televisión a menudo presentan letras o números con características humanas tales como rostros, y que bailan y hablan. Mientras algunos creen que estos números y letras tan "ornamentados" hacen los conceptos más accesibles, Sloutsky cree que confunden a los niños. En lugar de aprender que letras y números son símbolos que pueden ser usados de muchas formas diferentes, los ven como ejemplos muy concretos de humanos.
Vladimir Sloutsky. ((Foto: OSU))
Hay muchas razones del porqué esos materiales tan ornamentados pueden no ser la mejor manera de aprender, según argumenta Sloutsky. Una es que tales objetos tienen mayor "riqueza perceptual", es decir que hay más para mirar y procesar por parte de los estudiantes. Esto significa que les distraen de lo que es realmente importante.
Los símbolos menos abstractos son también menos versátiles. Por ejemplo, un niño puede usar una varilla, que es un objeto relativamente abstracto, e imaginar que es un automóvil, o una nave espacial, o una flor. Sin embargo, le resultará más difícil tomar un tren de juguete e imaginar que es una flor.
En definitiva, según los autores del estudio, los objetos más simples constituyen mejores símbolos, y esos símbolos genéricos son más fáciles de aprender.