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No entendemos en otros los actos físicos que somos incapaces de hacer por nuestra cuenta

Con la ayuda de dos pacientes que sufren de una extremadamente rara enfermedad neurológica degenerativa, un equipo de investigadores ha establecido que el cuerpo tiene un papel significativo ayudando a los humanos a percibir y comprender las acciones de otros. Los individuos usan los sentidos del cuerpo humano para comprender las acciones y expectativas de los demás.

El profesor de psicología Gunther Knoblich de la Universidad Estatal Rutgers-Netwark de New Jersey, y sus colegas Simone Bosbach y Wolfgang Prinz, del Instituto Max Planck de Neurología y Ciencias Cognitivas, en Munich, llegaron a esta conclusión haciendo experimentos con dos sujetos, que son las dos únicas personas conocidas en el mundo cuyo sentido del tacto y del movimiento corporal fue completamente erradicado por una enfermedad degenerativa.

Ambos participaron en tareas que ponían a prueba su habilidad para estimar visualmente el peso de cajas, y su habilidad para deducir si las personas a las que veían izarlas conocían de antemano el peso de éstas. Su labor de evaluación fue comparada con la realizada por un grupo de control formado por individuos sanos.

Según Knoblich, para que una persona haga la simulación mental de un determinado acto motor que es necesaria para que pueda deducir las características de ese acto en otra persona a la que ve realizándolo, necesita saber qué se siente al desempeñar esa acción. Los dos participantes insensibilizados no sienten sus cuerpos. Deben ver sus cuerpos para ejecutar las acciones más simples, incluso para mantenerse erguidos. Knoblich y sus colegas querían comprobar si su ausencia de percepción corporal afectaría también a su habilidad de simular mentalmente las acciones que observaban hacer a otros.

Las tareas de estimación encargadas a esas dos personas incluían observar a individuos levantando una caja, e intentar deducir el peso de la misma y otras circunstancias. En algunos casos, los sujetos que levantaban las cajas fueron correctamente informados del peso de las mismas. En otros, los investigadores les engañaron sobre el peso de la caja que iban a levantar.

Los dos individuos insensibilizados y el grupo de control examinaron videos y después hicieron una estimación del peso de la caja, o bien juzgaron si quien la levantaba fue engañado de antemano sobre su peso. Cuando alguien levanta un objeto creyéndolo mucho más pesado de lo que es en realidad, el exceso de fuerza aplicada se traduce en un movimiento corporal inconfundible, que un observador normal puede identificar correctamente.

No hubo diferencia en las respuestas cuando los dos grupos estimaron el peso del objeto. Sin embargo, cuando se hizo la prueba de la expectativa de peso, los dos sujetos insensibilizados no supieron decir si quien levantaba la caja fue engañado o no sobre el peso de la misma.

Según Knoblich, no lograron esto porque son incapaces de hacer una simulación motora. En cambio, sí fueron capaces de procesar las señales perceptuales simples, que permiten inferir el peso aproximado del objeto.


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