Ahora, investigadores de la División Médica de la Universidad de Texas en Galveston han encontrado evidencias que podrían explicar por qué las personas continúan tomando el Sol y frecuentando los salones de bronceado en exceso, a pesar de ser conscientes de que esta práctica es peligrosa. Usando criterios adaptados de los que se emplean para detectar el alcoholismo y la dependencia de las drogas, han determinado que esa conducta reiterativa de broncearse puede ser el producto de un tipo de adicción.
"Los dermatólogos hablan a menudo sobre las personas que parecen "adictas al Sol", personas que saben que el bronceado no es bueno para ellas, pero no parecen poder dejar de broncearse", explica el profesor Richard Wagner del citado centro, autor principal del estudio que tiene como coautores a Molly M. Warthan y Tatsuo Uchida. "Es interesante que modificando ligeramente las herramientas usadas para identificar trastornos relacionados con ciertas substancias, podamos ver similitudes objetivas entre estas alteraciones y el comportamiento de quienes se broncean con regularidad".
Wagner y Warthan realizaron una serie de preguntas a 145 visitantes habituales a las playas de Galveston, como "¿Intenta usted pasar menos tiempo exponiéndose al sol, pero no lo consigue?" y "¿Piensa usted que necesita pasarse cada vez más tiempo al sol para mantener su bronceado perfecto?".
Las entrevistas estaban divididas en dos partes, con cuatro preguntas iniciales a las que responder Sí o No, derivadas de las usadas en una encuesta estándar de cuatro preguntas para identificar el abuso o dependencia del alcohol. Otras siete preguntas estaban basadas en los siete criterios para el diagnóstico de los trastornos relacionados con sustancias, que se exponen en la cuarta edición del manual para la diagnosis de dolencias mentales (DSM-IV), de la Asociación Psiquiátrica Estadounidense.
Según los criterios adaptados de la encuesta para la detección del alcoholismo, el 26 por ciento de los entrevistados fueron clasificados como "personas dependientes del bronceado por luz ultravioleta (UVL)". Los criterios del DSM-IV indicaron una proporción aún mayor de asistentes a playas con dependencia del bronceado: un 53 por ciento.
Wagner reconoce que la noción de adicción al bronceado es nueva, y que él y sus colegas no sabían a dónde les llevaría su estudio, pese a que ya ha habido evidencia heterogénea, proveniente de otros estudios, sugiriendo que el bronceado incrementa la producción de endorfinas, lo que podría provocar adicción. "Ciertamente esto podría explicar por qué las intervenciones educativas no han tenido más éxito", acota Wagner.