Evitando confusión en las personas que nos escuchan
Investigaciones previas habían mostrado que cuando hablamos, componemos las frases basándonos, en parte, en cómo de fácil nos resulta elaborarlas, sin tener muy en cuenta cuál será su grado de comprensión para quien nos escucha. Una frase ambigua es a menudo más fácil de construir que una sin ambigüedad alguna. De modo que el sujeto tendrá una tendencia natural a hablar ambiguamente, pese al menor grado de comprensión que sus frases tendrán para quien le oye.
Cuando hablamos ambiguamente, ¿no nos percatamos de ello? ¿Estamos rehusando deliberadamente a ser cooperativos? ¿O simplemente nos da pereza elaborar frases más precisas?
Un grupo de investigadores de la Universidad de Edimburgo han intentado responder a estas preguntas.
En su experimento, Sarah L. Haywood, Martin J. Pickering, y Holly P. Branigan emplearon un juego visual que involucraba un cambio de roles, para poder determinar si las palabras seleccionadas por las personas al hablar indican un deseo de elaboración fácil, un deseo de ser entendidas perfectamente, o bien ambos.
Cada participante en el experimento fue asignado a un cómplice preparado de antemano, con quien jugó a un juego en el que ambos sujetos se alternaban en la tarea de dar o recibir instrucciones para mover objetos sobre un tablero. Algunas de las instrucciones expresadas por el cómplice eran ambiguas, ofreciendo más de una posible interpretación, dada la particular distribución de objetos sobre el tablero. Otras, en cambio, resultaban del todo claras al tener una única interpretación posible.
Los investigadores encontraron que el actuar en algunos momentos como oyentes de instrucciones ambiguas hacía que los participantes se percataran de las consecuencias de hablar de esa manera, y que al pasar a ser ellos quienes daban las instrucciones, usaban más a menudo palabras adicionales que descartasen para el oyente otras interpretaciones distintas de la deseada.
La conclusión a la que han llegado los autores del estudio es que ciertamente las personas tendemos, sin darnos cuenta, a elaborar frases guiándonos por nuestra facilidad para construirlas, pero que, bajo las circunstancias adecuadas, pasamos a componerlas del modo que mejor garantice que van a ser entendidas correctamente por quien nos escucha.
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