Según Anthony S. Fauci, Director del Instituto Nacional de Alergia y Enfermedades Contagiosas (NIAID por sus siglas en inglés), el sufrimiento causado en el mundo por estas enfermedades podrá ser mitigado gracias a la secuenciación del genoma de los parásitos que las causan, un conocimiento genético que ahora hace posible emprender el desarrollo de nuevos fármacos y vacunas.
El Trypanosoma brucei, que causa la enfermedad del sueño, es transmitido por la mosca tsé-tsé en el África subsahariana. Según la Organización Mundial de la Salud, se producen unos 500.000 casos al año, y si no se trata es fatal.
Diversas formas de leishmaniasis son esparcidas por mosquitos, siendo endémicas en 88 países de cinco continentes. La Leishmaniasis visceral, también conocida como kala-azar, es la forma más perniciosa de la enfermedad, y causa fiebre elevada, inflamación del bazo y pérdida de peso severa antes de matar a sus víctimas.
El Trypanosoma cruzi causa la enfermedad de Chagas y es diseminada a través de las heces infectadas de un insecto conocido popularmente como vinchuca y algunas veces llamado también chinche besucona por su hábito de picar cerca de la boca de la persona. Encontrada por toda América Central y Sudamérica, la enfermedad de Chagas prevalece particularmente entre las personas sumidas en la pobreza, y se cobra 50.000 vidas al año.
Una de las mayores sorpresas encontradas en la secuencia genómica es que estos parásitos, a pesar de sus diferencias en cómo son transmitidos y cómo causan enfermedad, tienen en común un núcleo de 6.200 genes. A nivel genético, las similitudes entre estos parásitos pesan más que sus diferencias. Los genes compartidos dan a los científicos una gran diversidad de blancos para el desarrollo de nuevos medicamentos que podrían actuar simultáneamente en los tres parásitos. A la inversa, analizar las pequeñas divergencias genéticas permitiría el desarrollo de vacunas y fármacos, así como mejorar el diagnóstico de las enfermedades causadas por cada uno de estos parásitos.