Nuevo método para combatir la resistencia a los antibióticos
(NC&T) Los investigadores, del Scripps Research Institute y de la Universidad de Wisconsin, acaban de publicar una descripción sobre cómo la proteína LexA en la bacteria Escherichia coli estimula las mutaciones y ayuda al patógeno a desarrollar resistencia contra los antibióticos. Por lo tanto, los compuestos que bloqueen a esa proteína pueden prolongar el potencial de los antibióticos existentes.
Esto activa cuestiones fundamentales sobre la evolución. Los biólogos siempre han pensado en ella como algo tan inevitable como los impuestos o la muerte. Pero ahora se preguntan no sólo el cómo, sino el por qué de aquélla.
En los últimos años, Floyd Romesberg, del Scripps, se ha esforzado para entender los genes que dirigen la evolución: una innovadora forma de pensar, pues hasta ahora los científicos han entendido la evolución como la fuerza que dirige a los genes. Las mutaciones -cambios en el ADN- son el combustible que mueve la evolución.
Dado el potencial peligro de las mutaciones, los seres han evolucionado para mantenerlas en su mínimo. La maquinaria interior de las células tiene la capacidad de replicar el genoma extremadamente bien, y en raras ocasiones comete errores. Incluso cuando los hace, tiene sistemas de corrección y reparación.
No obstante, no todo es perfecto. Existiendo miles de millones de bases de ADN, copiadas varios miles de millones de veces durante la vida de un organismo, pueden ocurrir algunas mutaciones: errores que escapan a la reparación, y que terminan formando parte de la célula. Con el paso del tiempo, estas mutaciones se acumulan y las especies divergen.
Sin embargo, Romesberg y sus colegas creen que esas células no son las víctimas pasivas de mutaciones al azar, sino que tienen modos de iniciar las mutaciones en su propio ADN. Y lo creen porque las tasas de mutación en algunas células no son coherentes con las asociadas a la replicación del ADN.
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| | |  | | Células de E. coli expuestas a un antibiótico. (Foto: TSRI) |
La conclusión sería que la mutación es una respuesta programada, un mecanismo de supervivencia. Si la célula sufre alteraciones, y éstas persisten más allá de la capacidad de repararlas, la célula activa su mecanismo mutante y abre así el paso a la evolución.
Presumiblemente, inducir mutaciones es una estrategia evolutiva para sobrellevar cambios en el entorno, que maximiza la posibilidad de adaptación. Para evolucionar, los organismos tienen que mutar, por lo tanto activan el proceso mutante cuando están amenazados de extinción.
Romesberg conjetura, entonces, que si se pueden detener las mutaciones, se pueden frenar las causas del cáncer y del envejecimiento, ya que hay una bioquímica tras ellas, sujeta a intervención.
La investigación de su equipo ha llevado a descubrir que la proteína LexA corta la cadena de aminoácidos de otras proteínas, y es esencial para el desarrollo de la resistencia de una bacteria al antibiótico. Esto abre también la esperanza de identificar las moléculas que dirigen la evolución en las células cancerosas, y así bloquearles las mutaciones que las hacen resistentes a la quimioterapia.
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