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Recuérdese "desde fuera" para medir el alcance de sus logros.

(NC&T) La investigación ha mostrado que rememorar recuerdos en una perspectiva de tercera persona, como si se estuviera viendo a sí mismo en una película que recogiera momentos pasados de su vida, puede llevar a las personas a percibir un mayor cambio personal en sus vidas. Recrear el pasado en primera persona, a través de sus propios ojos, no siempre le permite a uno ver cómo ha cambiado.

El estudio ha sido llevado a cabo por Lisa Libby (profesora de psicología en la Universidad Estatal de Ohio), Richard Eibach (de la Universidad de Yale) y Thomas Gilovich (de la Universidad de Cornell).

Según afirman, aprender a ver eventos pasados con la perspectiva correcta podría ayudar a cualquiera que esté intentando hacer cambios positivos en su vida.

Cuando alguien está examinando qué cambios personales ha logrado, el rememorar su pasado desde una perspectiva de tercera persona resalta el progreso que ha hecho, y eso puede darle la fuerza para seguir trabajando en ello, aún cuando todavía no haya alcanzado su meta. Las personas que se autoexaminan en busca de tales cambios personales, no sienten que han hecho muchos progresos cuando miran hacia el pasado en primera persona, y eso les puede descorazonar.

Los investigadores hicieron una serie de estudios en los que les solicitaron a varias personas que rememorasen un evento determinado en sus propias vidas desde una perspectiva de primera persona o de tercera persona. Luego se les preguntó a los participantes cuánto habían cambiado desde que ese evento sucedió.

En un estudio, les pidieron a 38 estudiantes universitarios que habían estado en psicoterapia, que recordasen su primera cita de tratamiento. A la mitad se le pidió que visualizase esa primera cita "mirando a su alrededor a través de sus propios ojos" (primera persona). A la otra mitad se le pidió que visualizara ese primer tratamiento "desde la perspectiva visual de un observador" (tercera persona).

Todos los participantes calificaron cuánto habían cambiado desde su primera cita, en una escala de 0 (nada) a 10 (completamente). Los resultados mostraron que las personas a las que se les dijo que recreasen su tratamiento inicial desde una perspectiva de tercera persona, vieron un mayor cambio en ellas (un resultado medio de 7,18) que aquellas a las que se les dijo que tomaran el punto de vista de primera persona (resultado medio de 5,64).

Según Libby, la razón es que ver el pasado en tercera persona, da un énfasis al significando de un evento en la vida del sujeto. La persona está viendo cómo de relevante es ese evento para ella, lo que significa en su vida. Así, si ha habido cualquier cambio desde entonces, éste se acentúa en su mente.

Otros estudios han mostrado que si el sujeto recuerda un incidente en primera persona, tiende a reexperimentar el evento, la forma cómo pasó. Vuelve a incurrir en las emociones de aquel momento.

Cuando un sujeto toma una perspectiva de tercera persona, ello no sólo influye en lo que piensa sobre los cambios en su vida, sino que también puede afectar a su conducta, como se comprobó en el estudio que se describe a continuación.

En este estudio, los investigadores reclutaron a 27 estudiantes universitarios que se valoraron a sí mismos en una encuesta sobre cómo de socialmente torpes fueron en la escuela secundaria. Luego se les pidió que evocaran un evento socialmente torpe de sus años de secundaria, desde una perspectiva de primera persona o bien de tercera. De nuevo, los estudiantes a quienes se les dijo que adoptasen la perspectiva de tercera persona tendían a valorar más sus cambios y a estar más convencidos de que ya no eran tan socialmente torpes, que aquéllos a quienes se les dijo que tomaran el punto de vista de primera persona.

Lo llamativo vino cuando se realizó una prueba psicológica camuflada. Inmediatamente después de cumplimentar las valoraciones, se hizo pasar a cada estudiante individualmente a un cuarto con una persona que ellos creían se trataba de otro estudiante participando en el experimento. Pero de hecho, la otra persona era un ayudante de los investigadores (que no sabía si al participante se le había pedido que usara la primera o tercera persona en el estudio). El ayudante empleó una grabadora de cinta escondida para registrar cuántas veces el participante intentaba comenzar una conversación. El ayudante también valoró al participante en diversos parámetros de sociabilidad.

Los resultados mostraron que los participantes que habían evocado su pasado socialmente torpe desde una perspectiva de tercera persona, eran más proclives a iniciar una conversación, y fueron calificados como más sociables por el ayudante de la investigación. Cuando los participantes revivieron las torpezas pasadas desde una perspectiva de tercera persona, sentían que habían cambiado y que ahora eran más experimentados socialmente. Eso los llevó a comportarse de manera más sociable y a parecer más experimentados socialmente ante el ayudante de la investigación.

La perspectiva de la tercera persona no siempre lleva a las percepciones de cambio. Otro estudio mostró que si las personas se concentraban en un evento positivo de su pasado, la perspectiva de la tercera persona los conducía a ver más similitudes entre ambas etapas de su persona que lo que la perspectiva de la primera persona hace.

Así que los efectos de la perspectiva de tercera persona dependen de si el individuo se inclina a ver cambios o similitudes entre su Yo pasado y su Yo presente.

Libby y sus colegas piensan que estos resultados pudieran ser útiles a las personas que están intentando hacer cambios en sus vidas. "Usar la tercera persona es una buena técnica para ver los cambios positivos que usted ha hecho en su vida, y eso probablemente le lleve a sentirse más satisfecho de sus esfuerzos, lo que, a su vez, debiera hacerle más fácil el continuar esforzándose para alcanzar sus metas", explica Libby.


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