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Jóvenes con reflejos de anciano al hablar por teléfono mientras conducen.

(NC&T) Si se ha encontrado con un tráfico lento debido a que un conductor está conversando a través del teléfono móvil, encontrará familiar un estudio realizado en la Universidad de Utah. Cuando los conductores jóvenes hablan a través de un teléfono móvil, conducen igual que los ancianos, obteniendo como resultado reacciones más lentas, y aumentando el riesgo de accidente.

El estudio mostró que cuando personas con una media de edad de 20 años eran colocadas en un simulador de conducción, y hablaban por teléfono, reaccionaban tan despacio como los participantes de un grupo con una media de 70 años (que no estaban utilizando el teléfono).

El estudio también revela que los conductores que hablan por teléfono (sin tener en cuenta su edad) son un 18% más lentos al pisar los frenos que quienes no lo están usando.

Además, a los sujetos que hablaban por teléfono les llevó un 17% más de tiempo retomar la velocidad perdida por haber frenado. Esto implica, entre otras cosas, que quienes usan teléfono mientras conducen, al tardar más en recuperar la velocidad normal del flujo de tráfico, dificultan la fluidez del mismo.

También aumentó al doble el número de colisiones traseras contra un vehículo que los precedía durante el trayecto (bajo simulación), cuando los conductores estaban hablando por teléfono.

Cada participante hizo en el simulador 4 trayectos de 16 kilómetros, tardando unos 10 minutos en completar cada uno. Conversaron por teléfono con un asistente de la investigación durante la mitad de los viajes, y permanecieron sin hablar durante la otra mitad. Se usaron sólo teléfonos tipo manos libres para eliminar cualquier posible distracción por la manipulación del aparato. Un automóvil virtual iba delante de ellos, y frenaba un mismo número de veces en cada trayecto.

Treinta veces por segundo, el simulador medía en cada participante su velocidad, distancia al automóvil delantero, y, si era aplicable, cuánto tiempo consumía en frenar, y cuánto en recobrar la velocidad. Se ha demostrado que estos factores influyen en la probabilidad y severidad de las colisiones traseras.

Cuando los jóvenes usaban teléfono, su tiempo de reacción para frenar se retardaba tanto que igualaba al de los ancianos que no hablaban por teléfono, un promedio de 912 milisegundos. Cuando no conversaban, los jóvenes frenaban en un promedio de 780 milisegundos. Esta diferencia puede parecer pequeña, pero representa un incremento de lentitud del 17%. Otros estudios han demostrado que esta reducción en el tiempo de reacción aumenta la probabilidad y severidad de los accidentes, algo, por otra parte, fácil de imaginar si aplicamos el sentido común.

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