Dos sistemas del cerebro regulan como pedimos ayuda
(NC&T) La investigación ha sido llevada a cabo por un grupo de la Universidad de Wisconsin Madison.
Los sistemas del cerebro involucrados son la amígdala, que es importante en detectar y responder a las amenazas, y la corteza prefrontal derecha, que desempeña un papel en alcanzar metas.
En monos y humanos, es natural buscar la ayuda de individuos comprensivos durante tiempos difíciles. Ciertamente, demandar ayuda puede ser crucial para la supervivencia, tal como se encarga de recordarnos Ned Kalin, un psiquiatra que ha estudiado el miedo y el apego social en monos durante dos décadas, en un intento de entender mejor la ansiedad y depresión en humanos.
Sin embargo, un grito pidiendo ayuda también da señales de vulnerabilidad, y, en el mundo animal, puede atraer la atención de depredadores. Los investigadores de la Universidad de Wisconsin Madison quisieron saber qué sistemas cerebrales determinan el que un individuo exprese su necesidad de ayuda mientras que otros lo refrenan.
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| | |  | | Ned Kalin (Foto: Universidad de Wisconsin Madison ) |
El estudio de imagen cerebral abarcó 25 monos rhesus que fueron separados de su jaula para formar parejas durante 30 minutos. Estos hicieron "llamadas de arrullo", que funcionan para reclutar a otros hacia el soporte social. Los investigadores midieron la frecuencia con la cual gritó cada mono, y entonces examinaron el cerebro de cada animal con un escáner PET (tomografía por emisión de positrones). La alta resolución reveló actividad metabólica en áreas precisas de los pequeños cerebros de los animales.
El examen mostró que los animales que llamaban tenían más actividad en la corteza prefrontal derecha y menos en la amígdala. En contraste, los monos que llamaban menos tuvieron menos actividad de la corteza prefrontal y más actividad de la amígdala.
Los investigadores estaban algo sorprendidos por encontrar la actividad reducida en las amígdalas de los animales más expresivos, ya que la actividad incrementada de la amígdala está asociada con el miedo y condiciones de tensión. Sería lógico esperar que los animales más expresivos también fueran los más asustados.
Pero en realidad, los monos que tienen miedo se inhibirían e inmovilizarían, especialmente cuando un depredador está cerca y aparentemente no han sido descubiertos. Cuanto mayor es el miedo, menos probable es que los animales pidan auxilio, al menos bajo ciertas condiciones.
La situación puede ser muy similar para humanos, según cree Kalin. Las personas más inseguras y sensibles a la amenaza potencial, tienen probablemente una actividad incrementada de la amígdala que puede inhibir su deseo de pedir ayuda, lo cual está relacionado con la actividad de la corteza prefrontal derecha. Por otro lado, cuando una persona se siente lo bastante segura en una relación para expresar sus vulnerabilidades, ésta parece estar asociada a una disminución en la actividad de la amígdala y un incremento en la actividad prefrontal de la corteza. En ese caso es probable que los cambios en la actividad de la amígdala y de la corteza prefrontal puedan ser responsables del que uno se sienta en la necesidad de compartir sus sentimientos íntimos.
Kalin cree que el grado de tensión bajo el cual una persona puede estar dispuesta a pedir ayuda probablemente depende de una gran variedad de factores, incluyendo cómo de asustada o amenazada se sienta, su temperamento general, las experiencias pasadas, y el tipo de sistema social de soporte.
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