Termómetros moleculares en las células de la piel detectan el calor
El cerebro humano es como un general en un búnker. Flotando en su burbuja de líquido cerebroespinal, no tiene ventana directa al mundo exterior, así que la única forma en la que el cerebro observa, comprende, y acciona el cuerpo, es confiando en la información que recibe. Esta información viene a través de un sistema sofisticado de neuronas sensoriales que conectan el cerebro a órganos como el ojo, el oído, el olfato, y la boca.
En estos últimos años, biólogos y neurocientíficos han estado tratando de descubrir las moléculas básicas y los mecanismos que subyacen tras este complejo sistema de comunicación que son nuestros sentidos, y un grupo de expertos del Instituto Scripps de Investigación y el Instituto Genómico de la Fundación Novartis (GNF) han progresado en el entendimiento de los mediadores de nuestro sentido de tacto.
Unos cuantos años atrás, el Instituto Scripps y el equipo del GNF, dirigidos por el profesor Ardem Patapoutian, fueron los primeros en hacer una copia clónica de una proteína (TRPV3) que los investigadores creen está envuelta en nuestra capacidad para sentir y detectar el calor.
A pesar de que se esperaba que los sensores de temperatura estuviesen en las neuronas sensoriales que inervan la piel, la proteína TRPV3 fue encontrada en células epiteliales verdaderas (keratinocitos) y no en las neuronas.
Ahora, el equipo ha presentado en la revista Science su prueba definitiva de que la TRPV3 es ciertamente un sensor de temperatura. Han demostrado que los ratones carentes de la proteína TRPV3 tienen deficiencias específicas en su habilidad para detectar temperaturas.
Esto es significativo porque la TRPV3 puede ser un blanco potencial de fármacos. La TRPV3 es uno de los muchos receptores que participan en las señales de dolor. Aquí hay pues un amplio campo de posibles usos terapéuticos a explorar.
Ciertamente, varios compuestos útiles para mitigar el dolor crónico que están bajo investigación, apuntan a la acción de una proteína llamada TRPV1 (VR1), que es similar a la TRPV3.