Los escritos de Shakespeare indican que pudo haber padecido sífilis
(NC&T) Aunque la sífilis es relativamente infrecuente ahora, era muy común hace cinco siglos, transmitida de un lugar a otro por marineros, soldados y comerciantes. Los síntomas de la sífilis incluyen lesiones genitales; erupciones en el torso, palmas, y plantas de los pies; problemas neurológicos; y destrucción del tejido facial.
Shakespeare alude a síntomas de enfermedades de transmisión sexual, y sus tratamientos, en varias de sus piezas teatrales y poemas, incluyendo "Troilo y Cresida", "Como Gustéis" y "Sonetos". Las menciones de "sífilis", "mal de Francia", "dolencia infinita", y otras en sus escritos, parecen indicar que el poeta sabía, quizás por experiencia personal, cómo era esta dolorosa enfermedad venérea. El conocimiento de Shakespeare sobre la sífilis era clínicamente preciso, según el Dr. John Ross, autor del estudio, publicado en el Clinical Infectious Diseases, y médico del Caritas St. Elizabeth's Medical Center en Boston. Una línea en el Soneto 154, "el fuego del amor calienta el agua", al parecer se refiere a una infección de transmisión sexual que causa escozor al orinar.
En la época de Shakespeare, uno de los tratamientos para la sífilis, la inhalación de vapor de mercurio, era peor que la enfermedad. El Dr. Ross sugiere que la firma temblorosa de Shakespeare, su retiro social en los últimos años, e incluso su calvicie, pudieron ser debidos a un grado suave de envenenamiento con vapor de mercurio.
Sin embargo, no parece probable que la muerte de Shakespeare a los 52 años de edad fuera debida a una enfermedad de transmisión sexual. De hecho, la práctica alternativa de usar baños muy calientes para tratar a personas sifilíticas habría sido razonablemente eficaz, porque las temperaturas elevadas pueden matar a los microorganismos que causan la sífilis (hay una referencia a un "baño hirviente" que cura "enfermedades extrañas" en el soneto 153). Shakespeare era también actor, y apareció en representaciones teatrales hasta por lo menos 1603. Es improbable que hubiera actuado sobre el escenario de haber estado sufriendo los estragos de la sífilis terciaria.
 | | William Shakespeare (Foto: ID Society) |
El poeta no mostró tampoco problemas mentales hacia el final de su vida, a juzgar por la calidad de sus escritos. Dichos problemas habrían delatado un posible envenenamiento severo con mercurio. Por tanto, cualquier tratamiento con mercurio que pudiera haber recibido, debió ser limitado.
Si los restos de Shakespeare fuesen analizados hoy, la evidencia de la infección podría ser obtenida examinando la tibia en busca del daño típico de un caso avanzado de sífilis, o bien mediante un análisis de niveles de mercurio que, de ser elevados, podrían indicar un tratamiento para la enfermedad. Hasta entonces la supuesta sífilis de Shakespeare es algo que no se puede probar ni descartar. De hecho, la propia advertencia del escritor en su lápida ("Bendito sea el hombre que se detenga en estas piedras. Y maldito sea aquel que remueva mis huesos") podría contribuir a demorar cualquier examen de sus restos.
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