Las caras se deben contemplar bien para luego reconocerlas
(NC&T) Con una serie de manipulaciones experimentales precisas de la percepción en sujetos humanos, Farshad Moradi (del CalTech) y sus colegas han dado un paso más en la comprensión del proceso. Han comprobado que la identificación de un rostro depende realmente de mirarlo con atención, no bastando la mera exposición de la imagen en la retina.
En una serie de experimentos, los investigadores aprovecharon un fenómeno llamado "rivalidad binocular" para presentar imágenes de rostros, a sujetos, en circunstancias bajo las cuales la entrada a la retina seguiría siendo perceptivamente invisible.
En tales experimentos de antagonismo binocular, una imagen distinta es presentada simultáneamente a cada ojo. Puesto que el sistema visual puede prestar solamente atención a una imagen a la vez, la otra permanece "invisible", suprimida del conocimiento visual. Los investigadores hallaron que en tales experimentos el reconocimiento de la cara dependía realmente de percibirla. La obtención de información visual más simple, como por ejemplo la orientación del rostro, no resultaba entorpecida por la carencia de atención visual.
Así, la competencia entre entradas visuales incompatibles o que interfieren para alcanzar atención mental, se resuelve antes del procesamiento de los aspectos de la información visual que son explotados en la identificación de la cara.
En otros experimentos, también exploraron si el reconocimiento del rostro resultaba perjudicado al distraer la atención visual con tareas tales como memorizar imágenes o sonidos, un fenómeno describible como "ceguera por falta de atención", que cualquiera ha experimentado en alguna ocasión cuando, por estar absorto en otros pensamientos, no se percata de algo que ocurre claramente ante su vista. Los investigadores constataron que el requerimiento de prestar atención a las tareas visuales que distraían eliminó el reconocimiento de la cara, lo cual no ocurría con las tareas auditivas equivalentes. Así, establecieron que, puesto que los distractores auditivos no disminuían la capacidad de reconocer rostros, tal reconocimiento no es afectado por el proceso competitivo de otros estímulos sensoriales. También, comprobaron que encargar a los sujetos que procurasen imaginar las caras, no interfería con el reconocimiento, lo que indica que el reconocimiento de rostros es una función de procesamiento visual, más que de proceso cognoscitivo "puro".
En resumen, estos resultados establecen que si la persona no mira con atención una cara, no se adaptará a su identidad, aunque sí podrá recordar otros aspectos del rostro, tales como orientación o color.
Por otra parte, resulta paradójico que algunos fenómenos visuales tales como la formación posterior de la imagen en negativo, o un efecto secundario dependiente de la orientación, no requieran dedicar atención al estímulo.
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