Ingeniería

Ladrillos hechos de ceniza fina, más seguros de lo predicho

(NC&T) Cada año, alrededor de 25 millones de toneladas de ceniza fina procedente de las citadas plantas generadoras de energía que son alimentadas por carbón, se reciclan, por regla general transformándose en aditivos para materiales de construcción tales como el hormigón, pero 45 millones de toneladas pasan a formar parte de la basura. Los ladrillos de ceniza fina son un modo de aprovechar parte de esa ceniza fina que no se emplea para nada, y además mitigan el impacto medioambiental derivado de la fabricación de ladrillos convencionales.

La fabricación del ladrillo de arcilla requiere hornos a temperaturas muy altas. Ello implica desperdiciar energía, polucionar el aire y generar gases con efecto invernadero que contribuyen al calentamiento global. En cambio, los ladrillos de ceniza fina son fabricados a temperatura ambiente, conservan energía, son más baratos de producir, y no constituyen una fuente de contaminación atmosférica ni de gases de invernadero.

Una vez se les ha dado el color y la forma idóneos, esos ladrillos de ceniza fina se parecen mucho a sus homólogos de arcilla, tanto en su apariencia como en las propiedades técnicas, las cuales los nuevos ladrillos igualan o incluso superan.

Henry Liu (presidente de la compañía Freight Pipeline), ha estado trabajando desde 2004 en el desarrollo de estos revolucionarios ladrillos. En su labor, ha recibido el apoyo del programa de Investigación para la Innovación en Pequeños Negocios (SBIR) de la Fundación Nacional para la Ciencia (NSF). La primera fase de ese apoyo le permitió lograr fabricar ladrillos de ceniza fina más duraderos gracias a modificarlos por ingeniería de un modo que les hace resistir mucho mejor la congelación y la descongelación provocadas por la meteorología. Liu está ahora trabajando en una segunda fase para poner a prueba cuestiones de seguridad sobre el material de sus ladrillos y preparar el producto para su entrada en el mercado.

Ladrillos de ceniza
Ladrillos hechos con ceniza fina, de diferentes tipos. (Foto: Henry Liu, FPC)
Aunque él y sus colaboradores necesitan estudiar más los ladrillos para determinar cómo se produce en ellos la absorción de mercurio, y en qué grado de densidad queda el metal atrapado dentro, los nuevos resultados sugieren que los ladrillos no tendrán un efecto adverso sobre la calidad del aire en el interior de los edificios en los cuales se les utilice.

En promedio, el aire contiene bajas cantidades de mercurio que van desde menos de 1 nanogramo por metro cúbico, a decenas de nanogramos por metro cúbico, una pequeña fracción de lo que por ejemplo la Agencia estadounidense de Protección Medioambiental establece como límite para la exposición continua.

En unos experimentos, dentro de una cámara cerrada, los ladrillos no provocaron un ascenso de los niveles de mercurio en el aire circundante (originalmente más de 1 nanogramo), e incluso hicieron descender la concentración por debajo de medio nanogramo.


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