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La primavera y las auroras polares

(NC&T) "Hay muchas cosas que no entendemos sobre las auroras", subraya Vassilis Angelopoulos, físico espacial de la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA). Por ejemplo, las auroras entran en erupción a veces con una intensidad sorprendente y con pocas señales previas de lo que se avecina. Estos acontecimientos son un gran misterio. ¿Qué dispara las erupciones? ¿Dónde se almacena su energía? Y, por supuesto, ¿por qué en primavera?

Para contestar a éstas y otras preguntas, la NASA ha desplegado una flota de cinco naves espaciales llamada THEMIS, equipada especialmente para estudiar las auroras. Angelopoulos es el investigador principal de la misión.

Las auroras son mucho más que sólo luces bonitas en el cielo. En cada exhibición subyace una potente tormenta geomagnética con posibles efectos perjudiciales que van desde el mal funcionamiento de los satélites en órbita, hasta interrupciones del suministro eléctrico en la superficie de la Tierra. Telecomunicaciones, tráfico aéreo, redes de distribución de electricidad y sistemas GPS, todos son vulnerables. En una sociedad que confía cada vez más en la tecnología espacial, es vital entender estas tormentas.

Lanzados en febrero de 2007, los satélites THEMIS ha observado ya una tormenta geomagnética con una energía total aproximadamente igual a la de un terremoto de magnitud 5,5. Esta tormenta se movió dos veces más rápido que la velocidad máxima que los científicos creían posible, cruzando una zona horaria polar entera en 60 segundos.

La primavera auroras polares
Imagen de una aurora. (Foto: Jeffrey R. Hapeman ode Lac du Flambeau, Wis.)
Es probable que los THEMIS hayan encontrado el mecanismo exacto de alimentación de las tormentas geomagnéticas.

Los satélites han detectado "cuerdas" magnéticas que conectan la atmósfera superior de la Tierra directamente con el Sol. Los investigadores creen que las partículas de viento solar fluyen a lo largo de estas cuerdas, proporcionando energía a las tormentas geomagnéticas y a las auroras. Las partículas de viento solar fluyen a lo largo de las cuerdas en trayectorias que conducen del Sol a la Tierra.

Lo cual nos trae de nuevo a la primavera.

Resulta que las conexiones magnéticas entre el Sol y la Tierra son buenas en primavera. Es una cuestión de geometría: con el avance de la Tierra por su órbita, los polos magnéticos de nuestro planeta se bambolean hacia adelante y hacia atrás. (Los polos realmente no se bambolean, pero la combinación de la inclinación polar de 23 grados de la Tierra, sumada al movimiento orbital, hacen que los polos parezcan bambolearse desde el punto de vista solar). Alrededor de la época del equinoccio, el campo magnético de la Tierra tiene la mejor orientación posible para "conectarse" con el Sol, abriendo la puerta para que la energía del viento solar fluya y encienda las auroras.

Pero hay dos equinoccios, el de primavera y el de otoño, con geometría magnética similar. Y sí, el otoño es una estación de auroras también. Los trastornos geomagnéticos son casi dos veces más probables en primavera-otoño que en invierno-verano, según los registros históricos.



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