La sacudida de un seísmo activa las réplicas
(NC&T) Lo anterior puede parecer obvio, pero es de hecho un resultado sorprendente. El problema es que no está claro cómo una sacudida puede provocar réplicas que no son inmediatas, sino que suceden uno o dos días después del terremoto. Es por eso que la mayoría de los sismólogos creían que las réplicas son disparadas por esfuerzos estáticos producto del movimiento de la corteza.
Emily Brodsky, de la Universidad de California en Santa Cruz, y Karen Felzer, del USGS (U.S. Geological Survey) en Pasadena, observaron la distribución de las réplicas en relación con su distancia al epicentro del temblor principal. Advirtieron una tendencia suave y congruente, acompañada por un número de réplicas decreciendo de forma rápida conforme aumenta la distancia del evento principal en un rango de 0,2 a 50 kilómetros.
La tendencia suave sugiere que el mismo proceso de disparo opera en todo el ámbito. Pero el esfuerzo estático es insignificante en el extremo lejano, de modo que el esfuerzo dinámico producto de la sacudida debe ser lo que activa las réplicas.
Nadie esperaba que temblores pequeños desencadenaran réplicas a estas distancias. La idea tradicional es que la zona de réplicas es una o dos veces la longitud de la ruptura de la falla, así que para seísmos de esta magnitud no se esperarían réplicas más allá de un kilómetro. Los investigadores están detectando réplicas hasta los 50 kilómetros.
Más aún, las réplicas disminuyen con la distancia en la misma proporción que las ondas sísmicas. En otras palabras, el número de réplicas y la magnitud del movimiento muestran la misma relación matemática con la distancia.
"Las réplicas decaen con la distancia del mismo modo en que lo hacen las ondas símicas", subraya Brodsky. "Proponemos que la posibilidad de tener una réplica depende directamente de la amplitud de la sacudida".
Esta hipótesis concuerda con las mediciones hechas por las investigadoras de cómo la densidad de réplicas varía con la distancia, así como con mediciones previas del número de réplicas desencadenadas por un seísmo principal de cierta magnitud.
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