Geología

La agresión de un volcán no cesa al acabar su erupción

(NC&T) Las erupciones volcánicas figuran entre las fuerzas más destructivas del arsenal de la Madre Tierra. Sin embargo, para la gente que vive en la falda de un volcán, o cerca de ella, el peor desastre a menudo no comienza hasta que la erupción ha amainado y el resto del mundo ha dejado de prestar atención a lo que allí ocurre. Es entonces cuando la lluvia puede hacer subir el nivel de ríos que arrastran los sedimentos dejados por el volcán, desde las partes altas hacia las bajas, lo que provoca las avalanchas de barro, ceniza y agua conocidas como lahares, y que son capaces de sepultar pueblos enteros. Estos lahares pueden producirse durante bastantes años tras una erupción, dependiendo de la cantidad de escombros depositados en el terreno por el volcán, y de cuánto llueva, hasta que el sedimento ha sido retirado de la montaña o se ha fijado sobre ella lo suficiente como para no ser erosionado fácilmente.

El volcán Pinatubo, al noroeste de Manila, en la isla filipina de Luzon, sufrió una devastadora erupción en junio de 1991, y ahora está demostrando ser un laboratorio ideal para estudiar las "secuelas hidrológicas" de una erupción volcánica.

Karen Gran, una estudiante de doctorado en ciencias terrestres y espaciales, de la Universidad de Washington, ha estado estudiando datos recopilados desde 1997 a 2003 en cinco ríos de los flancos del Pinatubo. Los arroyos se encuentran en distintas fases de recuperación, con al menos uno ya de vuelta a su estado original antes de la erupción gracias a que no quedó obstruido por sedimento. Pero otros cruzan áreas que todavía albergan vastas cantidades de escombros que se pueden deslizar hacia abajo fácilmente. La ubicación geográfica del Pinatubo, no muy lejos del ecuador, lo hace estar sujeto a lluvias torrenciales, desde monzones a tifones.

En uno de los arroyos estudiados, nada puede vivir. Y además, si una fuerte tormenta lo azota, el lecho entero del río se desplaza. Esto significa que después de todos estos años transcurridos tras la erupción, algunos de los ríos examinados no se han recobrado de la catástrofe hasta el punto de que puedan tener canales estables, que son necesarios para el retorno de especies acuáticas y para una recuperación ecológica general.

La erupción del Pinatubo, la segunda mayor registrada en el siglo XX, depositó en su falda una cantidad de escombros volcánicos calculada en unas diez veces más que la esparcida por el Santa Elena en su tristemente célebre erupción de 1980. La ciudad de Bacolor, en el borde del Pinatubo, fue enterrada repetidamente por la acción de grandes lahares. Hoy en día, la entrada a una gran iglesia en Bacolor se debe hacer por la galería del coro, ya que todo bajo esa galería está sepultado por sedimento.

Ha habido más pérdidas materiales y de vidas humanas alrededor del Pinatubo por culpa de los lahares que por la erupción volcánica en sí misma..


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