(NC&T) El resultado proviene del trabajo realizado por la colaboración de los científicos del G-Zero, un grupo internacional de 108 físicos de 19 instituciones.
Los protones están en el corazón de toda la materia: el núcleo de los átomos. Los físicos conocen desde hace tiempo que los protones están constituidos principalmente por partículas llamadas quarks, junto con las partículas llamadas gluones que mantienen unidos a los quarks. Hay tres quarks permanentes en el protón, que aparecen en dos modalidades, o "sabores" como los físicos los denominan figurativamente: dos del tipo "arriba" (Up) y uno del tipo "abajo" (Down).
El Quark Arriba y el Quark Abajo son los más ligeros de los seis "sabores" posibles de quark que parecen existir en el universo. Además de los tres quarks residentes en el protón, las peculiares reglas de la mecánica cuántica permiten que aparezcan otras partículas de vez en cuando. Estas partículas fantasmales normalmente desaparecen en una diminuta fracción de segundo, pero es posible que permanezcan el tiempo suficiente para influir sobre la estructura del protón. Los físicos nucleares trataron de captar algunas de estas partículas fantasmales mientras aún existían. Y determinaron que el quark más ligero después de los dos citados, el Quark Extraño, es el que, con más probabilidad, podría tener un efecto visible.
Una manera de ver estos quarks extraños es medirlos a través de la interacción débil. Fue en una serie de experimentos con este objetivo, cuando los investigadores comprobaron que los quarks extraños influyen en la estructura del protón. En particular, averiguaron que los quarks extraños contribuyen a los campos eléctricos y magnéticos del protón, en otras palabras, a su distribución de cargas y magnetización.
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