Ecología

Estabilidad y diversidad en los ecosistemas


(NC&T) En los últimos 20 años, los expertos en ecología han realizado experimentos sobre biodiversidad y estabilidad, manipulando la diversidad (número de especies) a pequeñas escalas, y luego midiendo uno de varios tipos de estabilidad.

Aunque estos estudios nos han enseñado mucho sobre cómo la diversidad afecta a algunos tipos de estabilidad, no necesariamente nos dicen cuán estables serán estos sistemas contra los impactos humanos.

Según creen Ives y Carpenter, los ecólogos deben cambiar la pregunta que tan a menudo se hacen. Más que enfocar sus cavilaciones sobre cómo la diversidad afecta a la estabilidad, debieran concentrarse primeramente sobre la estabilidad para así lograr mayores progresos.

"Los humanos no "sólo" cambiamos la biodiversidad", explica Ives. "Los humanos provocamos cambios ambientales severos en los ecosistemas, como la acidificación de los lagos o la tala de bosques, siendo los cambios en la biodiversidad generalmente un efecto secundario de estos efectos principales. Más que preguntarnos cómo la biodiversidad afecta a la estabilidad, deberíamos preguntarnos cómo los cambios medioambientales afectan a la estabilidad de muchos aspectos de los ecosistemas, incluida la diversidad".

Diversidad ecosistemas
Un lago, después de la retirada de una especie invasiva: el ecosistema revive. (Foto: Steve Carpenter, University of Wisconsin-Madison)
"La gente suele asociar lo estable con lo bueno, y lo inestable con lo malo", argumenta Carpenter. "Pero esa manera de pensar puede estar equivocada. Cualquiera que haya tenido que combatir las muy estables poblaciones de la planta Diente de León en su jardín, o las súbitas proliferaciones de algas cada vez más predecibles en algunos lagos, sabe que la estabilidad no es necesariamente buena. Cualquiera desearía volver lo suficientemente inestables a tales componentes de los ecosistemas como para que desaparecieran de los mismos".

De hecho, la gestión medioambiental es la gestión del grado de estabilidad: desestabilizar las situaciones indeseables y estabilizar aquellas situaciones preferidas.

La conclusión de Ives y Carpenter es que los ecólogos están todavía muy lejos de comprender cómo funcionan muchos ecosistemas. Subrayan que no hay atajos, y que es casi imposible extrapolar los resultados de experimentos o los conocimientos sobre un ecosistema (o una parcela experimental) a otros ecosistemas.

"El mejor argumento para preservar la biodiversidad es aún el principio de la precaución", señala finalmente Ives. "Dado que sabemos muy poco, tiene sentido que no cambiemos mucho al mundo".
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