Ecología

Investigación en el ojo de un huracán revela una nueva fuente de la que este se alimenta

(NC&T) Empleando simulaciones informáticas, y observaciones del huracán Bonnie de 1998, en el sur de Carolina del Norte, los científicos fueron capaces de obtener una vista detallada de bolsones de aire húmedo y tibio moviéndose desde el ojo de la tormenta hacia el anillo de nubes tormentosas en la pared del ojo, que contribuyeron a la intensificación del huracán.

Los hallazgos sugieren que el flujo de los paquetes de aire entre el ojo y la pared de éste (anteriormente considerado trivial) es un elemento clave en la intensidad del huracán, y que hay que tomar en consideración más cosas que sólo el clásico patrón de flujo. Este patrón clásico dice que a medida que esos paquetes de aire fluyen hacia la circulación del huracán, se elevan, formando nubes de precipitación, y transportan aire tibio a la atmósfera superior antes de retirarse hacia el aire circundante.

Los resultados de este nuevo estudio mejoran el conocimiento acerca de los mecanismos que desempeñan papeles relevantes en la intensidad de los huracanes. El flujo rotatorio de los paquetes de aire (o vórtices) en el ojo, puede llevar aire húmedo y muy caliente hacia la pared del ojo, que actúa como un turbocompresor para el motor térmico del huracán.

Aunque el patrón clásico ha sido el paradigma imperante en las últimas cinco décadas, un análisis más profundo de los huracanes intensos pone de manifiesto que una segunda familia de paquetes de aire húmedo viajan generalmente desde el borde de la pared del ojo hacia el ojo, donde éste recoge humedad de la superficie del océano. Estos paquetes de aire enriquecidos con humedad regresan entonces más bien rápido hacia la pared principal del ojo y elevan de manera colectiva el contenido calorífico de las nubes inferiores de la pared del ojo, con un efecto similar al de elevar el octanaje en el combustible de un automóvil.

Investigación de huracán
Las nubes de tormenta del huracán Bonnie, forman torres hacia el cielo. (Foto: NASA GSFC Scientific Visualization Studio)
Los resultados de este nuevo estudio pueden ayudar a explicar por qué las tormentas fuertes pueden conservar su intensidad durante varias horas o incluso más tiempo, después de toparse con condiciones que normalmente conducirían a su rápido debilitamiento.


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