El ámbar revela la ecología de arañas del pasado
Realizado por científicos de la Universidad de Manchester y la Universidad Metropolitana de Manchester, el estudio de arañas fosilizadas de las regiones del Báltico (Polonia) y el Caribe dominicano, ha revelado nuevos detalles sobre la ecología de las arañas en el período Cenozoico.
El Dr. David Penney, paleoaracnólogo de la Escuela de Ciencias Atmosféricas y Medioambientales de la Tierra, en la Universidad de Manchester, ha dirigido la investigación.
Es la primera vez que arañas antiguas de diferentes partes del mundo han sido comparadas a tan gran escala. En este estudio se compararon 671 especies de arañas.
El ámbar proporciona una ventana privilegiada a los ecosistemas de los bosques del pasado. Retiene una cantidad increíble de información, no sólo sobre las propias arañas sino también sobre el medio ambiente en que vivieron.
Los investigadores no sólo han podido comparar las distribuciones por tamaño de más de 600 arañas, sino que también han podido obtener conocimientos únicos sobre los bosques en los que vivieron.
Analizando las distribuciones de los tamaños de las arañas y comparando las distintas pautas de caza seguidas por cada especie, el Dr. Penney encontró que las arañas tejedoras eran más grandes en el ámbar del Báltico que en el ámbar dominicano, pero que no había ninguna diferencia entre las arañas cazadoras en cualquier región. También encontró que la fauna de los árboles productores de ámbar en cada región explicaba las diferencias de tamaño.
"Varias evidencias muestran que la mayor complejidad estructural de los árboles productores de ámbar del Báltico, comparados con los dominicanos, explica la presencia de arañas tejedoras más grandes. Los árboles dominicanos eran largos, delgados y lisos, mientras que los árboles bálticos eran anchos y tupidos, por lo que proporcionaban un ambiente mucho mejor para que las tejedoras prosperaran", explica el Dr. Penney.
El estudio demuestra, por primera vez, que las arañas atrapadas en ámbar durante largos períodos de tiempo (30 millones de años), pueden ser comparadas científicamente. Esto se debe a que hasta ahora se desconocía si las resinas de ámbar atrapaban organismos uniformemente. Este estudio demuestra que sí lo hacen.
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