El cultivo vegetal de combustible, en entredicho
La transformación en combustible de plantas como el maíz, la soja y el girasol, requiere mucha más energía que la que puede lograrse del etanol o el biodiesel resultantes, según un nuevo estudio hecho por expertos de la Universidad de Cornell y de la de California en Berkeley.
David Pimentel, profesor de ecología y agricultura en Cornell, y Tad W. Patzek, profesor de ingeniería civil y medioambiental en Berkeley, lideraron un análisis detallado de la relación entrada-salida de energía en la producción de etanol utilizando maíz, césped de la especie Panicum virgatum, y biomasa de la madera, así como en la producción de biodiesel a partir de plantas de soja y girasol.
Por lo que se refiere al rendimiento de energía comparado con la energía gastada en la producción de etanol, el estudio encontró que el maíz requiere un 29 por ciento más de energía fósil que la brindada por el combustible producido; el césped requiere un 45 por ciento más que la que produce; y la biomasa de la madera un 57 por ciento más.
En cuanto al biodiesel, el estudio constató que las plantas de soja requieren un 27 por ciento más de energía fósil que la brindada por el combustible que producen, porcentaje que en las plantas de girasol llega al 118 por ciento.
 | | David Pimentel en una estación de servicio (Foto: Chris Hallman/Cornell University) |
Al evaluar las entradas de energía, los investigadores consideraron factores como la energía usada en la producción de la cosecha (incluyendo la producción de pesticidas y fertilizantes, el manejo de la maquinaria agrícola, y la energía utilizada en la irrigación, molido y transporte de la cosecha) y en el proceso de fermentación y destilación del etanol. Aunque se incurre en otros costos adicionales, como los subsidios federales y estatales que en Estados Unidos se cargan a los consumidores, y los costes asociados con la contaminación o degradación medioambiental, estas cifras no estaban incluidas en el análisis.
Pimentel defiende la quema de biomasa para producir energía térmica (la energía para calentar las casas, por ejemplo), pero desaprueba el uso de la biomasa para la producción de combustible líquido. "El gobierno gasta más de tres mil millones de dólares al año en subvencionar la producción de etanol cuando no proporciona un equilibrio o ganancia neta de energía, no es una fuente de energía renovable ni un combustible barato. Más aún, su producción y uso contribuyen a la contaminación del aire, el agua y la tierra, así como al recalentamiento global", denuncia Pimentel, quien señala además que la inmensa mayoría de los subsidios no va a parar a los granjeros sino a las grandes corporaciones productoras de etanol.
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