Primitivos crustáceos permiten evaluar la calidad de las aguas
(NC&T/Ecosistemas) "Estos animales primitivos son muy sensibles y necesitan unas condiciones muy especiales: aguas poco profundas, algo turbias, con vegetación y libres de contaminantes", explica José Luis Pérez Bote, investigador de la Universidad de Extremadura. Esas condiciones son las propias de las lagunas formadas por la lluvia en las zonas de clima mediterráneo y que se secan al cabo de uno o varios meses. Sujetas a ese ciclo anual de formación y desecación, las lagunas mediterráneas son zona de refugio y alimentación para aves migratorias durante el invierno.
En esos hábitats únicos de gran importancia ecológica, unos organismos tan sensibles a la contaminación y a los cambios hidrológicos como son los branquiópodos se convierten en los bioindicadores ideales de la calidad de las aguas. Es una de las consecuencias de su adaptación a la vida en unas condiciones que cambian constantemente. Otra consecuencia es que sus ciclos vitales se aceleran al máximo como estrategia para garantizar que quedarán huevos enterrados en el barro al secarse la laguna, listos para repoblarla cuando vuelva a aparecer en la siguiente época de lluvia.
Al tener unos ciclos vitales tan rápidos, los branquiópodos sirven como modelo de laboratorio para estudios sobre el envejecimiento y también sobre biología evolutiva. Su nombre, que significa "branquias en las patas", se refiere a unos apéndices poco desarrollados que los delatan como organismos primitivos. Y es que algunos de ellos, como los Triops cancriformis, no han cambiado en su forma externa desde su aparición en el Triásico, hace unos 220 millones de años.
Con unas especies que recuerdan a primitivos cangrejos con un caparazón protector y otras más similares a camarones o mejillones, los branquiópodos son un grupo variado de crustáceos. De origen marino, colonizaron ambientes mucho más cambiantes física y químicamente de todo el mundo, como las lagunas mediterráneas. "En esos hábitats la mayoría actúan como filtradores, por lo que contribuyen al mantenimiento de la calidad del agua", explica José Luis Pérez Bote. "Y además, seguramente las aves que pasan el invierno en estas charcas se alimentan de ellos".
Aunque aún se conoce poco del papel exacto que juegan los branquiópodos en sus ecosistemas, Pérez Bote reclama mayores medidas de conservación en toda España, debido a su alto interés científico y a su valor para evaluar cómo los cambios naturales del clima y el desarrollo urbanístico están afectando a los ecosistemas de las lagunas mediterráneas.